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El olvidado legado de Spencer Haywood y cómo cambió las reglas de la NBA

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El tiempo acaba por enterrar todo aquello que no se instala en el imaginario colectivo, que no supera la barrera de lo circunstancial, que se pierde en el infinito universo de las noticias del pasado. Las cuestiones que la fugacidad de la actualidad se encarga de usar y tirar a su antojo pasan inadvertidas para la gran masa que ignora todo aquello que sucedió un domingo cualquiera. El vasto cosmos que es la NBA ofrece un abanico casi interminable de historias, algunas más o menos conocidas, organizadas alrededor de lo que podríamos definir como un cánon histórico, aquel que configura un relato inalterable y perfecto del desarrollo histórico. Sin embargo, hay un buen número de acontecimientos que se tienden a pasar por alto, casi obviando la relevancia de los mismos y que, sin ellos, sería imposible entender los años que vinieron después.

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Una de tantas es la de Spencer Haywood, quien únicamente por su palmarés podría colocarse al mismo nivel que otras leyendas de la liga, hablando por sí solos los éxitos que atesoró en su dilatada trayectoria. Cinco veces All-Star en la NBA, cuatro veces All-NBA (dos de ellas en el primer equipo), campeón de la NBA en los Lakers de 1980, uno de los 95 jugadores con más de 14.000 puntos, más de 5000 rebotes y 1000 asistencias así como oro olímpico en 1968. De hecho, en aquellos JJ.OO. de México establecería un registro que tardaría más de 40 años en romperse como el de más puntos anotados en todo un torneo, fijado en 145 y que Kevin Durant rompería en 2012 (155) y más tarde en 2016 (156) con la salvedad de que ahora existía la línea de triple. Un Haywood al que habría que sumarle todos los récords rotos en su único año en la difunta ABA donde irrumpió como pocos, haciéndose con el MVP de la temporada, el Rookie del Año y el MVP del All-Star.

En definitiva, una leyenda por derecho propio y que, pese a ello, no goza del reconocimiento que podría merecer, no tanto por lo hecho dentro de la pista, sino más bien fuera de ella.

La lucha por los derechos de los jugadores y el reconocimiento de los mismos que ha dado lugar a la actual fase de empoderamiento en la que nos encontramos no sucedió de la noche a la mañana, vino de la mano de pioneros que pusieron todo en juego para cambiar las normas y sentando precedente para las generaciones venideras. Figuras como las de Bill Russell como activista por los derechos civiles, como Oscar Robertson por la consecución de la agencia libre y la cláusula de reserva o de Tommy Heinsohn por el reconocimiento de la NBPA. A todos estos la historia se ha encargado de colocarles en su lugar y de hacer de ellos personalidades reconocibles para el aficionado más o menos ávido de conocimiento de la liga.

No así con Haywood.

Su origen es tan remoto como pueda imaginarse y la dureza de su camino difícilmente igualable. Nacido en la remota Silver City, al oeste del Estado de Mississippi, la cual ni era plateada ni tan siquiera era una ciudad como bromeaba nuestro protagonista. Spencer fue el último de una familia de once hermanos los cuales perderían a su padre apenas tres meses después del nacimiento de este. Aunque la esclavitud hubiese sido abolida menos de un siglo atrás (6 de diciembre de 1865) no era extraño encontrar lugares al sur de Estados Unidos donde la servidumbre y la opresión hacia las comunidades afroamericanas seguía más que vigente, camuflada a través de prácticas instaladas como habituales como la recogida de algodón o el afinamiento en zonas concretas de las ciudades. En el caso de Haywood, este conoció desde bien temprano lo que era la vida en el campo, teniendo que dejar la escuela en los meses de siembra para recolectar algodón para los granjeros blancos.

"Nací siendo hijo y hermano de aparceros, aparceros significaba que estábamos recogiendo algodón de sol a sol. No teníamos derechos", dice Spencer Haywood en conversación teléfonica con NBA.com Global. "Recogíamos todo el algodón, cosechábamos todo el maíz, hicimos de todo por en esa finca. Y mi madre solo ganaba 2 dólares al día".

"Recuerdo a este tipo sentado en el porche todo el tiempo, estaba sentado bebiendo y fumando un puro y sonriendo. "Lo estamos haciendo bien", decía. Y yo estaba como: este tipo nunca trabaja, nunca hace eso. Ganaba todo el dinero y estaba sentado allí mientras nosotros estábamos trabajando como perros. Pero no teníamos otra opción, así que viví ese proceso de trabajo de esclavitud real".

En el hostil sur Haywood comprendió pronto que su vida no iba a ser como las de otros en Silver City y que por su color de piel iban a atribuírsele prejuicios y discriminársele por cuestiones raciales casi de manera constante. A la edad de 14 años se le acusó injustamente de haber tratado de asesinar a otra persona por el simple hecho de ser negro, razón por la que tuvo que pasar una noche en la cárcel antes de ser puesto en libertad ya que no era responsable de tal hecho. Su madre, consciente de las consecuencias de tal suceso podrían acarrear en el menor de sus hijos, se las ingenió para sacar a Spencer de ahí y llevarlo con su hermano Joe, el cual vivía en Chicago. Una decisión en apariencia lógica, pero cuya realización no fue tan sencilla, teniendo que escapar a Belzoni, la ciudad más cercana, y desde ahí partir al frío norte.

En Chicago conoció la otra cara de la moneda, el racismo menos explícito, aquel que en muchas ocasiones no se verbalizaba pero que sí podía sentirse, materializado a través de una evidente segregación, desde los barrios a los negocios o el transporte público. Poco tiempo pasaría en Chicago, mudándose a Detroit donde Haywood se enamoraría del baloncesto, creciendo para convertirse en una estrella de instituto y uno de los jugadores con más potencial del país.

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"Empecé a jugar baloncesto en Detroit con la idea de que podía ganar el campeonato estatal para la ciudad de Detroit, que había tenido una sequía desde hacía 35 años", cuenta el ex jugador desde su casa en Las Vegas. "No habíamos ganado el campeonato estatal en 35 años porque una vez que salías de Detroit, los árbitros veían a un buen jugador negro y nunca dejaban que un equipo de Detroit llegara a ser el campeón estatal. Ahí es donde había cierto racismo".

El talento de Haywood le hizo convertirse en uno de los talentos más codiciados del país, con todas las universidades de prestigio del país, deciéndose finalmente por la Universidad de Mississippi con la meta de que su madre pudiese verle jugar, algo que no había podido hacer siquiera. "No me di cuenta de que era el primer negro allí y de todo esto. Pensé que era una buena oportunidad para que mi madre pudiera verme jugar".

"Pero no funcionó bien allí porque Adolph Rupp estaba porque había perdido contra cinco jugadores negros el año anterior contra Texas West. Y entonces, pensó que debería tener la primera gran superestrella. Y ese fue el drama. Así que terminé yendo a Trinidad State Junior College en Colorado", añade.

Fue así como se ganó un puesto en el equipo olímpico de México 1968 siendo uno de los más jóvenes de todo el campus de entrenamiento."Llegamos al comité de selección. Todos estábamos sentados en la habitación. Estoy sentado allí con Pete Marry Bridge, Rick, Calvin Mercy, y ellos me seleccionaron. No eligieron a la gente promedio. Dejaste a Calvin Birthday, no te llevas a Rick Mountain. Estos chicos estaban promediando 44 puntos por partido. Rick Mount tenía un promedio de 39 en Purdue y Calvin tenía un promedio de 33 en Niagara", asegura.

Una selección para el equipo nacional que no le evitó a Spencer más problemas al carecer de certificado de nacimiento por sus humildes orígenes. Únicamente poseía una Biblia donde su madre había escrito en el pasaje John 21, un documento sin validez legal, pero que dadas las circunstancias fue suficiente para realizar a Haywood un pasaporte con el que viajar. "Tuvimos que enviar a una persona del Jackson Daily News. Y enviaron a este fotógrafo y tomaron una foto de la Biblia", relató la leyenda a este medio.

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Un torneo olímpico no exento de polémica por la decisión de no acudir a la cita de figuras tan relevantes como Kareem Abdul-Jabbar, Lucius Allen o Mike Warren. Los cuales lo hicieron por el clima político relativo a la Guerra de Vietnam y la represión racial contra los colectivos negros, una cuestión que llevaría a John Carlos y Tommie Smith a alzar el puño tras hacerse con los dos primeros puestos en la prueba de los 200 metros.

"Levantaron el puño en el podio y se pusieron los guantes negros. Fue un saludo a la gente en casa porque no boicoteamos los Juegos como Kareem Abdul Jabbar y todos esos tipos", asegura. "Fuimos para mostrar mostrar la unidad de los negros. Porque somos estadounidenses, nos sentíamos verdaderos americanos".

"Luego vinieron a poner esa medalla en mi cuello y empecé a temblar. Porque me di cuenta de lo que pasó todo ese tiempo. El camino. Porque cuatro años antes estaba en Mississippi recogiendo algodón. Rompí a llorar con mis compañeros que me sostuvieron", recuerda emocionado el medallista olímpico.

Poco antes de ir a los Juegos Olímpicos, Haywood se había comprometido con la Universidad de Detroit bajo el acuerdo de que contratasen a su entrenador de instituto Will Robinson, algo que tras un fantástico año con 32 puntos y 22 rebotes de media no sucedió, razón por la que abandonó la universidad de Detroit Mercy por diferentes razones.

La primera económica, pues la presión de tener 10 hermanos potencialmente a su cargo y ningún ingreso colocaba a Haywood contra las cuerdas, la segunda razón sería racial pues la situación en Detroit se volvería insostenible, incluso para alguien criado en la durísima Mississippi con insultos continuos y vejaciones y la tercera razón fue competitiva, ya que la NCAA impedía los transfers en ese momento y este quería poner rumbo a New Mexico para jugar bajo las órdenes de Bob King y Will Robinson.

Esto solo le dejaba un camino posible a Haywood: la ABA. En 1969 firmó por los Denver Rockets a cambio de un contrato de 450.000 dólares por tres años, de los que en realidad recibiría 50.000 anualmente y 15.000 anuales en los siguientes 20 años una vez cumpliese los 40 siguiendo el Dolgoff Plan de la ABA, una hábil argucia para conquistar el corazón y el bolsillo de jugadores ávidos de dinero y rebosantes de talento.

Tras disputar una única temporada donde se hizo con el Rookie del Año y el MVP por el que recibió un Dodge Challenger y una televisión RCA valorada en 2000 dólares decidió dar el salto a la NBA cuando descubrió la "trampa" que escondía su contrato. Inició conversaciones con Lakers, Bucks y Bulls que estaban interesados en firmarle, pero serían los Sonics de Shulman los que ataron a Haywood. "Estaba cerca de no tener nada [económicamente]. Y la ABA llegó con 'Queremos que Haywood deje la escuela porque es el siguiente mejor jugador después de Kareem'. Y yo estaba como, ¿me vais a pagar? ¿Voy a jugar? ¿Vais a romper la regla por mí?", dice.

¿El problema? No era posible que un jugador que no había cumplido los 4 años de college obligatorios pudiese firmar un contrato profesional en la NBA. Haywood se vestía de corto para realizar los calentamientos, era presentado por el speaker, pero nunca saltaba al campo, el artículo 2.5 de los estatutos de la liga prohibía a los dueños "contratar a un jugador que hubiese pasado menos de 4 años desde que finalizara el High School y, al mismo tiempo, negociar con este", añadiendo además al Draft como la única vía posible de entrada en la NBA como recogía el artículo 6. Esta norma invalidaba el contrato entre Haywood y los Sonics, que por el camino recibieron una demanda de los Rockets por haber firmado a un jugador suyo, lo que cerraba la puerta del joven a la NBA hasta que su class se graduase, lo que sucedería en 1972.

A comienzos de 1971 se presentó una demanda contra la NBA que derivó en un largo pleito judicial cuya resolución estuvo a cargo del Tribunal Supremo de Estados Unidos. Allí, el representante del jugador alegó que la liga estaba incumpliendo las leyes de monopolio, acusándola de "un boicot grupal" y amparada en el incumplimiento de la Sherman Act en su artículo 1. La estrategia de la NBA se basó en defender el derecho de la liga a establecer las reglas de entrada a su asociación, refiriéndose directamente a la NCAA como paso de obligado cumplimiento para todos aquellos que quisieran formar parte de la misma.

El jugador pese a todo se unió a los Sonics, tomando parte en los calentamientos pre partido que dio lugar a escenas bizarras con el infame aviso desde la megafonía en algunos estadios rivales: "¡Damas y caballeros, tenemos un jugador ilegal en la cancha y el partido no puede continuar con este jugador ilegal en la cancha!". Algo que generó que en muchas ocasiones todo el odio de los espectadores rivales se centrase en Haywood, al que le proferían improperios e insultos de todo tipo. Una noche, incluso, le obligaron a salir del pabellón en plena noche, solo ataviado con el equipaje de juego mientras nevaba.

"En una ocasión en Cincinnati ellos, en lugar de dejar quedarme en el vestuario me obligaron a sentarme en el autobús. Cuando obtuvieron una orden judicial en mi contra fue la historia de siempre. 'Damas y caballeros. Debe ser excluido. Fuera de este estadio y fuera del recinto'. Y yo me quedé como: ¡pero fuera está nevando! Entonces me echaron a la nieve. Me estaba volviendo loco, pensé que quería volver al college, pero no podía porque elegí el viaje profesional, dejé la ABA y la NBA había cursado una demanda contra mí", bromea.

La NBA argumentó que en base a sus normas no se estaba ejerciendo un monopolio, añadiendo además que la regla era necesaria para la supervivencia del negocio y algo "necesario para garantizar que cada posible jugador de baloncesto tenga la oportunidad de completar cuatro años de universidad antes de comenzar su carrera profesional en el baloncesto". Todas estas conclusiones resultaron insuficientes para el alto tribunal, del que formó parte Thurgood Marshall, el primer magistrado afroamericano en dicha institución.

El alto tribunal falló a favor del demandante por 9-0 alegando que un impedimento continuado de la práctica del baloncesto infligiría en Haywood "una lesión irreparable ya que una parte sustancial de su carrera como jugador se habrá disipado, su condición física, habilidades y coordinación se deteriorarán por la falta de competición de alto nivel. La aceptación pública como una súper estrella disminuirá, en detrimento de su carrera, su autoestima y su orgullo habrán sido heridos y se le cometerá una gran injusticia".

Haywood recuerda vagamente todo el proceso judicial, sucedido hace justo 50 años (1 de marzo de 1971). "Hablaban del caso como en el hockey no hay una regla cuatro años. En el tenis, no hay regla de cuatro años. Entonces, ¿por qué le pides al chico negro de los campos de algodón si los ha pasado? Obtiene todo el dinero para su universidad y no le pagan. Entonces, pusieron encima de la mesa la Ley Sherman Antimonopolio. Bajo esa regla, ellos fallan a favor de nuestro plan, yo no escuché el caso. Pero recibí todos los informes. Les pedimos a estos jóvenes que fueran a Vietnam a los 18 años, pusieran su vida en juego. Pero, sin embargo, no puedes ir a ganar dinero si tu familia está en la pobreza".

La NBA, en respuesta, apeló sin éxito la resolución y acordó con el jugador su incorporación inmediata a los Seattle Supersonics con el objetivo de que este disputase los Playoffs y le interpuso una multa a Schulman que tuvo que pagar además de hacerse cargo de los costes del juicio de su bolsillo.

"La Spencer Haywood Rule estaba en vigor, pero se llamaba Hayward vs NBA. No les gustó la idea. Porque entiendo el conflicto. Camine hasta allí y tienes que pagar un precio cuando vas en contra del sistema. Así que lo llamaron Hardship Rule".

La Hardship Rule se fundamentaba en que un jugador que no hubiese completado sus 4 años de college solo podría entrar en el Draft si demostraba que su "condición financiera, su familia, su historial académico o falta de él, y su capacidad para obtener empleo en otro campo". Una norma a la que se acogieron algunos como Moses Malone, siendo este el primero en la NBA en pasar de instituto al profesionalismo en 1974 y le siguieron otros como Darryl Dawkins y Bill Willoughby.

La importancia de la figura de Haywood pasa por la determinación por la que luchó por su derecho a medirse a los mejores jugadores del momento, independientemente de la edad o de los años que hubiesen pasado en college. Su talento desmedido no tenía cabida entre sus iguales o bien en una competición menor como la ABA y precisaba dar el salto al siguiente nivel.

Haywood sentó un precedente por el cual años después una nueva generación de jugadores daría el salto sin pasar siquiera por la NCAA. Kevin Garnett, Kobe Bryant, LeBron James, Tracy McGrady o Jermaine O'Neal fueron algunos de los que dieron el salto desde mediados de la década de 1990 hasta que en 2005 se instauró la edad mínima de entrada, poniendo la barrera en los 19 años, lo que supone que un jugador ha de pasar un año desde su graduación en el instituto, bien en un equipo profesional, bien en una universidad o en una academia.

"Defendí los derechos de los jugadores, pero en el fondo no era por los derechos de los jugadores", dijo Haywood en una charla en el Edmonds Community College recientemente. "Fue por los derechos de mi madre de salir de ese campo de algodón. Sabía que estaba haciendo lo correcto porque en ese momento mi madre y mis hermanos y hermanas todavía estaban recogiendo algodón en Mississippi. Así que esa fue toda la motivación para la pelea que estaba por venir".

Pese a que su perfil haya sido enterrado por la historia en cierto modo, Haywood reconoce que la actual generación de jugadores ha superado a la anterior en todos los sentidos, dentro y fuera de la cancha, algo que se aprecia a través de la era del empoderamiento de las estrellas. "Se trata de decir: No voy a dejar que me dictes cuándo y dónde jugar en este momento. Por eso fui a la Corte Suprema. Y luché por ese dinero".

La Spencer Haywood Rule fue el síntoma de que algo estaba cambiando en el baloncesto estadounidense y que a la evolución del mismo no se le podía frenar a través del baloncesto universitario. Spencer merece reconocimiento por su insistencia y determinación para derribar las barreras, abriendo el camino a las generaciones venideras para que el talento no encontrase límite alguno y los mejores jugasen en la NBA, independientemente de su edad o procedencia. "Put my name on the rule", sentencia el Hall of Fame.

"Mi vida ha sido todo un viaje porque he sobrevivido a los 80 en la NBA donde estaba la cocaína, me volví adicto a la cocaína con los Lakers. Y sobreviví a eso. Este es mi 30º año de sobriedad. Sobreviví a COVID este año, sobreviví a eso. Sobreviví hace siete años a un cáncer de próstata. Soy un testimonio andante de la gracia de Dios".

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

Gilbert McGregor contribuyó en la realización de la entrevista.

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