Philadelphia 76ers

Philadephia 76ers y un caso sin precedentes: del mejor al peor récord histórico en seis años

Los Philadelphia 76ers de la 1966-1967 fueron sin dudas uno de los mejores equipos de todos los tiempos. Con estrellas del calibre de Wilt Chamberlain, Hal Greer, Billy Cunningham y Chet Walker, los Sixers tuvieron un paso dominante en los Playoffs: en su primer cruce vencieron a los Royals de Oscar Robertson por 3-1, luego demolieron a los Celtics de Bill Russell y compañía por 4-1, para eventualmente vencer a los Warriors de Ricky Barry y Nate Thurmond en las Finales, por 4-2.

De todas maneras, fue su rendimiento en la Fase Regular la que dejó a ese Philadelphia en los libros de historia. Y es que transcurridos 50 partidos, los 76ers tenían el que hasta hoy se mantiene como el mejor récord de todos los tiempos (igualados con los Warriors de la 2015-2016): 46 victorias y 4 derrotas. Ya con el uno de la liga absolutamente asegurado, los dirigidos por Alex Hannum bajaron algo su producción en los últimos 31 partidos, cerrando con récord de 68-13.

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Aún así, hablamos del quinto mejor registro de la historia (y el mejor para la fecha), apenas superado por los Bulls de las 1995-1996 y 1996-1997, los Lakers de la 1971-1972 y los mencionados Warriors de la 2015-2016 (únicos de ese grupo que no terminaron consagrándose campeones).

Hacemos un flash forward de seis años y nos encontramos con otro equipo de Philadelphia que hizo historia: el de la 1972-1973. Solo que en ese caso, una muchísimo menos deseada y meritoria para la franquicia. Y es que en apenas ese período de tiempo, los Sixers pasaron de aquel dominante 68-13, al que hasta hoy sigue apareciendo como el peor récord de todos los tiempos (en temporadas de 82 partidos): 9 victorias, 73 derrotas. De hecho, cuando paramos la cuenta en ese mismo punto de 50 encuentros disputados, vemos una marca exactamente inversa a la previamente mencionada: 46 derrotas, 4 victorias.

¿Cómo se dio semejante debacle en tan poco tiempo? Todo empezó con uno de los peores traspasos de la historia. Tras el título en 1967, los Sixers quedaron eliminados a manos de Boston en la definición del Este de 1968 y antes del comienzo de la siguiente campaña, Wilt Chamberlain le expresó a la gerencia del equipo su deseo de ser transferido a Los Angeles Lakers. Si eso no ocurría, avisó, se iría a jugar a la ABA.

Aunque Philadelphia intentó evitar ese desenlace trágico, eventualmente cumplió el deseo de Chamberlain. El problema fue lo poco que recibió a cambio: un Archie Clark de aceptable rendimiento en las próximas tres temporadas (llegó a promediar 21,3 puntos) junto a dos piezas de mucho menor valor como Darrall Imhoff (no pasó de los 13,6 tantos) y un Jerry Chambers que ni siquiera llegó a vestir la camiseta de los 76ers. Nada, en comparación con lo que representaba tener a uno de los mejores jugadores de la historia, aún en un gran momento de su carrera.

Ya sin Wilt, pero aún con Walker, Cunningham y Greer, los Sixers terminaron con marca de 55-27 en la 1968-1969, aunque fueron rápidamente eliminados por los Celtics en el primer cruce (4-1). Y apenas un par de meses más tarde, llegó otra decisión catastrófica: cambiaron a un actual Salón de la Fama como Chet Walker (todavía con solo 28 años) por un Bob Kaufmann que no jugó ni un segundo para Philadelphia y un Jim Washington que no pasó de los 13,4 puntos en dos campañas.

Walker, mientras tanto, jugó las últimas seis temporadas de su carrera en Chicago. Y en todas ellas pasó de los 19 puntos de media.

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Los Sixers de la 1969-1970 todavía tenían a Greer y Cunningham en un alto nivel, pero el rendimiento del equipo ya empezaba a flaquear: marca de 42-40 y eliminación en el primer cruce (4-1 ante los Bucks). Algo muy similar se dio en la 1970-1971: récord sólido de 47-35 pero despedida en el primer enfrentamiento de Playoffs (4-3 ante Baltimore). Desde allí todo fue caída libre: para la 1971-1972 ya tenían a un Greer de 35 años y de claro bajón en su producción (11,8), lo cual hizo que si bien Cunningham continuaba brillando (23, puntos y 12,2 rebotes), el equipo acabara con una floja marca de 30-52.

El golpe definitivo se dio una vez terminada esa campaña: Cunningham no solo dejó la franquicia sino también la liga, firmando con los Carolina Cougars de la ABA, donde inmediatamente se transformó en una estrella. Ya con Greer en un nivel bajísimo (5,6 puntos en 22,3 minutos) y con jugadores del montón como Fred Carter y John Block teniendo que asumir la mayor carga ofensiva, los 76ers terminaron encaminándose a la peor actuación que se haya visto en una temporada NBA. El mencionado 9-73 que aún no ha sido alcanzado por ningún otro equipo.

El otro factor clave para esa caída estrepitosa fue el tema Draft. En 1967 seleccionaron en 1° Ronda a un Craig Raymond que solo jugaría 177 minutos en su carrera NBA; al año siguiente tomaron a un Shaler Halimon que promedió apenas 6,7 puntos en tres temporadas; para 1969 optaron por un Bud Ogden que promedió 3,5 puntos en dos temporadas, mientras que algo similar ocurrió con Al Henry en 1970: 4 puntos en dos campañas. Lo de 1971 fue todavía peor: eligieron a un Dana Lewis que ni siquiera llegó a jugar en la liga. Y con su pick de Freddie Boyd en 1972 terminaron de completar un ciclo para el olvido, seleccionado con el quinto puesto a un jugador de mínima relevancia en la competencia, cuando aún estaban disponibles talentos como Paul Westphal o... ¡Julius Erving! (aunque como eventualmente ocurrió, se creía que este último firmaría con la ABA).

Para fortuna de los Sixers, las malas decisiones se cortaron en el Draft de 1973, incorporando a tres piezas importantes para el proceso de resurgimiento de la franquicia: Doug Collins (primer pick), George McGinnis (pick 22) y Caldwell Jones (pick 32). Los primeros dos llegaron a ser All-Stars con la camiseta de Philadelphia, mientras que Jones primero lo logró en la ABA, para eventualmente dar el salto en 1976 a los 76ers, consolidándose como el pivote titular de un equipo que llegó a las Finales de la NBA.

Y es que allí aparece el último punto curioso de la historia: así como pasaron del cielo al infierno en seis años, volvieron a arrimarse a la cima de la competencia solo cuatro años después de haber tenido el peor récord de todos los tiempos. Ya con Dr. J y varias otras figuras en sus filas, los Sixers alcanzaron cuatro Finales entre 1977 y 1983, perdiendo las primeras tres y finalmente coronándose campeones en 1983.

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Una historia que estuvo relativamente cerca de repetirse en el 2019, cuando los 76ers se quedaron en las puertas de las Finales del Este (4-3 ante Toronto en las Semis), solo tres años después de haber tenido el segundo peor registro de todos los tiempos: 10-72 en la 2015-2016. Claro, en ese caso, Kawhi Leonard tuvo otros planes.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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