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Oklahoma City Thunder

33 minutos, 47 segundos: el final de la dinastía que nunca existió

El 21 de junio del 2012 no solo quedó marcado en los libros de historia de la NBA como el día en el que LeBron James por fin pudo ganar su primer título, sino también como el final de un equipo que parecía destinado a transformarse en la dinastía dominante de aquella década. Y es que aunque en ese momento era imposible anticiparlo, ese Juego 5 entre Miami y Oklahoma City fue el último en el que Russell Westbrook, Kevin Durant y James Harden vistieron al mismo tiempo la casaca del Thunder.

Algunos meses después, OKC sorprendería a propios y extraños traspasando a Harden a Houston, a cambio de Jeremy Lamb, Kevin Martin, dos picks de 1° Ronda y uno de 2°. Por motivos contractuales se desarmaba un tridente que contenía a tres futuros MVP de la competencia.

Hasta ese momento, la progresión del Thunder había sido perfecta. En el primer año del Big 3 (2009-2010) tuvieron un 61% de victorias y alcanzaron los Playoffs, donde fueron eliminados por los Lakers en la 1° Ronda. En la segunda temporada subieron su porcentaje de victorias a 67% y alcanzaron la Final del Oeste, cayendo allí ante los Mavericks. Mientras que en la 2011-2012 dieron un paso más, ganando el 71% de sus compromisos y accediendo a las Finales, donde no pudieron con LeBron, Wade, Bosh y compañía.

En los tres años que duró el tridente, Oklahoma City cayó ante el campeón de esa temporada: Lakers en el 2010, Mavs en el 2011 y Heat en el 2012. La conclusión lógica, antes de conocerse el traspaso de Harden a los Rockets, era esperar a un Thunder volviendo a pelear por el campeonato en el 2013 y por qué no, cumpliendo con ese objetivo. Ya no tenían otro escalón por subir.

Y es que lo cierto es que OKC estuvo más cerca del Larry O'Brien en ese cruce contra el Heat de lo que ha quedado grabado en nuestra memoria. No solo ganaron el primer partido de la serie, sino que tuvieron opciones concretas en el segundo, tercero y cuarto, perdiendo todos ellos por entre cuatro y seis puntos. Exceptuando el Juego 5, el 4-1 del Heat fue mucho más contundente que la distancia real que se vio entre ambos en cancha.

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Pero volvamos a ese 21 de junio en el American Airlines, en el que Miami celebró el título con un 121-106 que no dejó ningún tipo de dudas. Y miremos específicamente los 33 minutos y 47 segundos en los que Harden, Durant y Westbrook compartieron el campo.

¿Qué enseñanzas nos dejó ese último partido del Big 3?, ¿qué deficiencias salieron a la luz?, ¿qué secretos podemos descubrir con la ayuda del paso del tiempo?, ¿dónde aparecío el mayor potencial de ese grupo? Es tiempo de responder cada una de esas preguntas.

33 minutos, 47 segundos

James Harden ingresó al campo con 6:44 restando en el primer cuarto y su equipo abajo por 14-10. Y allí ya tenemos el primer dato interesante: lo hizo en reemplazo de Thabo Sefolosha, pero manteniendo el esquema titular con Serge Ibaka y Kendrick Perkins al mismo tiempo en cancha. Las tres estrellas, jugando con dos torres a su lado.

Lo primero que notamos claramente de esa formación tiene que ver con los problemas en el spacing. Ibaka estaba muy lejos de ser el tirador en el que se ha transformado hoy en día y de hecho, no tomó ni un solo triple en toda la serie ante Miami. De la falta de lanzamiento de Perkins no hace falta aclarar demasiado.

Esta acción, con menos de tres minutos de esa alineación en el campo, es un ejemplo clarísimo de esa problemática.

El pick and roll entre Westbrook y Durant funciona a la perfección y con sus piernas explosivas, Russ logra sacarse de encima a la marca y atacar el aro. El problema, es que en su camino aparece Shane Battier, marcador de Serge Ibaka. Bosh, defensor de Perkins, también está al acecho.

Si el hoy jugador de los Raptors estuviera abierto en el perímetro, en vez de pisando la pintura, hubiera sido muchísimo más difícil para Battier cortar la penetración de Westbrook.

En su lugar, el base debe desprenderse de la bola y descargar en un Ibaka que no logra definir la jugada. Y es que allí radica otro problema de esa formación: más allá del tema spacing, el aporte ofenisvo de los dos internos titulares de Oklahoma City era realmente pobre. Ibaka promedió 7 puntos con un 42% de campo en las Finales, mientras que Perkins se quedó en 4,8 tantos, con un 43% de campo. Y cuando hablamos de porcentaje de campo, hablamos de porcentaje en dobles, porque de nuevo, ninguno de los dos tomó ni un solo tiro de tres.

El +/- de OKC cuando Ibaka y Perkins compartieron campo en esa serie fue de -20.

Otro problema con esa formación es que necesariamente transformaba a James Harden en un jugador de spot-up o tirador a pie firme. Ya con tres jugadores que no representaban una amenaza con el tiro (Perkins, Ibaka y Westbrook), la Barba no tenía otra alternativa que ayudar con el spacing. Y si bien no vamos a decir que era incapaz de cumplir con esa función, el tiempo nos ha dado muestras de que es infinitamente más útil creando con el balón en sus manos.

De hecho, pensemos en la dinámica que hoy comparte con Westbrook en Houston: es Harden el encargado de atacar desde el drible, mientras que Westbrook es normalmente quien espera la descarga, ya sea con un corte hacia el aro o con un tiro externo.

La historia se daba a la inversa en Oklahoma City. En los tres años que Harden pasó allí, el 87% de sus triples llegaron con una asistencia. Es decir, lanzando en catch and shoot. ¿Qué ha pasado desde que llegó a Houston? Esa cifra bajó a solo un 34%.

Oklahoma City tenía a quizá el atacante más creativo con la bola en sus manos de este siglo y muchas veces lo limitaba a usarlo como si fuera Daequan Cook. No hay que ir más lejos que la última posesión en la que las tres estrellas compartieron campo, para entender de lo que estamos hablando.

Lo más curioso del caso es que Miami era un equipo al que tranquilamente se podía emparejar con alineaciones pequeñas, teniendo en cuenta que jugaban mayormente con LeBron James como 4 y Chris Bosh como 5. Y si la idea era crear un muro con Perkins e Ibaka para cerrarle la pintura a LeBron, los resultados no fueron buenos: el de Akron promedió 28,6 puntos y 7,4 asistencias, quedándose con el MVP de las Finales.

Claro que los problemas no solo llegaban en ataque, sino también en defensa. Observen esta jugada en la que Perkins se ve forzado a defender a Bosh en el perímetro.

Con Bosh como pivote y tiradores alrededor de LeBron como Battier y Mike Miller, Miami le dio a OKC un adelanto de cómo podía lucir su futuro, anticipándose a esa tendencia del básquet sin posiciones que fue potenciado al poco tiempo por Golden State y Houston, entre otros.

En cambio, el Thunder se empecinó en jugar con dos pivotes y al mismo tiempo, en postear a Durant frente a LeBron con los resultados que cualquiera podía esperar en ese momento.

Los cinco jugadores del Heat siendo capaces de pisar la pintura sin pagar el precio y borrando la chance del rebote ofensivo...

Lo más frustrante para Oklahoma City es que no hay que quedarse en la teoría para darse cuenta de cuánto mejor hubiera rendido ese equipo con otro tipo de esquema, sino que lo vimos llevado a la práctica en ese mismo Juego 5.

Con el correr de los minutos y ya abajo por un buen margen en el marcador, Brooks apostó finalmente por el small-ball, con Derek Fisher junto al tridente y un interno (Ibaka o Collison) completando el quinteto. La diferencia entre un tipo de formación y el otro, desde el spacing, el movimiento de balón y lo más importante, la producción anotadora, fue el día y la noche.

Y por si alguien cree que editamos ese video con la simple motivación de apoyar nuestro argumento, podemos repasar las estadísticas.

El mejor quinteto de OKC en esas Finales fue justamente el que conformaron Westbrook-Fisher-Harden-Durant-Collison, registrando un +17 en 42 minutos. El segundo mejor y único otro en doble dígito positivo, también entra en el rango del small-ball: Westbrook-Fisher-Sefolosha-Durant-Collison, con un +10 en solo 11 minutos.

Compárenlo con el -22 en 59 minutos del quinteto inicial (Westbrook-Sefolosha-Durant-Ibaka-Perkins). Y todo en unas Finales que se definieron por detalles y diferencias pequeñas.

Claro que esto no solo se limita al duelo ante Miami: cuando en la 2011-2012 el Thunder jugó con Durant como alero, tuvo un rating ofensivo de 107,7 puntos y un Net Rating de +4,7. ¿Cuando lo utilizó de ala pivote? 117,7 y +15, respectivamente.

Son números tan contundentes que no dan lugar para la discusión. Si Oklahoma City hubiera tenido una visión más a la vanguardia de la dirección que estaba tomando la liga, se hubiera transformado en un equipo tan dominante que probablemente se hubiera hecho imposible de separar (recordemos que la franquicia priorizó a Ibaka sobre Harden a la hora de mantener a sus figuras). O en el peor de los casos, al menos les hubiera permitido extender esas Finales o incluso quedarse con algún anillo en los dos años en el que se quedaron en la orilla.

La dinastía que vimos explotar en Golden State pudo haber nacido en OKC un par de años antes. 33 minutos y 47 segundos nos alcanzan para afirmarlo y al mismo tiempo, descubrir exactamente por qué no sucedió.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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