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All-Star 2020

Historias NBA All-Star: Magic Johnson, el MVP de 1992 y la importancia de David Stern

Situado en la cresta de la ola, con 32 años recién cumplidos y con unos Los Angeles Lakers comiendo de su mano, Magic Johnson tenía escrito en su destino liderar a la franquicia californiana en la nueva década post Kareem Abdul-Jabbar. Y en las dos temporadas sin el gigante el base lo había logrado, salvando el adiós de Pat Riley rumbo a New York Knicks y siendo testigo directo del primer anillo de un tal Michael Jordan en la 1990-1991. Nada de eso sucedería, sueños rotos y el inicio de una nueva vida, esta vez alejado de las canchas.

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Años después de haber firmado un contrato insólito de 25 millones por 25 temporadas, la franquicia californiana entendía que el pacto con su gran estrella se había quedado completamente desfasado. Su compañero Sam Perkins percibía un salario más alto que Magic Johnson, algo que evidenciaba el cambio de época que vivía la liga y la necesidad de revisitar aquel pacto que se debía extender hasta el año 2010. Un subida a 2,5 millones que se materializaría en el verano de 1991 reconocía la condición de súper estrella de la liga del propio base, y una estratagema alegal para saltarse el límite salarial, pues el nuevo salario se concertaba a través de un préstamo a bajo interés.

Como consecuencia, el jugador debía someterse a una serie de reconocimientos médicos para que ambas partes certificasen la viabilidad del pacto. Esa muestra de sangre tomada significaría tiempo después una confirmación de que el viaje terminaba ahí.

Un viernes 25 de octubre de 1991, Johnson, inmerso en la previa de un partido de pretemporada ante Utah Jazz, descansaba en su hotel cuando recibía una llamada del médico de la franquicia, Dr. Mickey Mellman. En esa conversación se le pedía a la estrella que volase lo más pronto posible de vuelta a Los Ángeles pues la aseguradora no podía aceptar la póliza tras los resultados del reconocimiento médico. A su llegada de vuelta a California, el doctor Mickey le comunicó que había dado positivo en el virus del VIH. Al fin descubría el mal que había estado atormentando sus últimas semanas y el porqué de su constante fatiga.

Johnson había dado positivo, pero su condición no suponía un peligro amenazante para su vida al ser indetectable (intransmisible) y su predisposición a someterse a fármacos experimentales antes de que fuesen puestos en circulación corriente.

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Días después de recibir la noticia, el 7 de noviembre en el Forum de Los Ángeles, escenario de tantas y tantas batallas, comunicaba ante los ojos de todo el mundo una noticia que cambiaría el deporte y la manera que la sociedad entendería el virus del VIH. "Buenas tardes a todos, a causa de haber adquirido el virus del VIH tengo que retirarme de los Lakers hoy mismo. Quiero dejar claro que no tengo la enfermedad del sida. Tengo el virus. (...) Estoy aquí para decir que eso es algo que puede ocurrirle a todo el mundo. Incluso a mi, sí, Magic Johnson. Voy a convertirme en portavoz de esta enfermedad. Estoy dispuesto a luchar". Unas frases lapidarias que caían como el telón tras un final abrupto de una obra teatral, Johnson decía adiós y con él un legado inacabado.

David Stern como apoyo constante

El desconocimiento del funcionamiento, propagación y contagio de una enfermedad masiva acrecenta el miedo y la inseguridad de las personas. El virus del VIH golpeó a la humanidad desde mediados de los años 80 del siglo XX, extendiéndose sin control y sin que los Estados pudiesen encontrar medidas paliativas para frenar semejante epidemia. Con el desarrollo de esta llegó la estigmatización debido a las vías por las que se podía llegar a contagiar (fluídos íntimos en contacto con una herida abierta), que despertaba un recelo sobre la figura, antes amada, de Magic Johnson, por lo que una vuelta carcomía la cabeza de la estrella.

La NBA, representada por la siempre firme persona de David Stern, se mantuvo al lado del jugador en todo momento, desde la rueda de prensa donde anunció su retiro hasta los momentos entre bambalinas en donde peor lo pasó el propio Magic. "Cualquiera que fuese la razón, cómo lo contrajo, nada de eso importaba", dijo David Stern. "Pensábamos que iba a morir. Cerramos filas con Magic".

Desde el primer momento que la liga tuvo conocimiento de la condición física del jugador, esta puso todos sus medios a disposición de este para ayudarle a superar el percance combinando recursos y apoyo humano. "La actitud desde el principio fue: 'Tenemos que hacer lo correcto y vivir con las consecuencias'", dijo Russ Granik, ex comisionado adjunto de Stern en un artículo de ESPN en 2014. "David reconoció que esto tenía implicaciones sociales más amplias". En ese momento, apenas siete años después de haber comenzado en el cargo y con la NBA en pleno auge y crecimiento, Stern afrontaba el mayor reto de toda su trayectoria como ejecutivo: perder a su principal estrella por una enfermedad que amenazaba su vida.

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Pasados unos meses Johnson, en una mejor situación física, sondeó la posibilidad de regresar a las canchas, un hecho que fue recibido con miedo, escepticismo y temor por algunos jugadores y dueños de la liga. Un hecho que dejaba claro la ignorancia al respecto del VIH y la importancia que debía jugar el comisionado en este tipo de momentos. "Trabajo para lo que creo es lo mejor para todos los propietarios", dijo Stern. "Hay momentos en que un propietario o equipo en particular tiene una opinión diferente. Cuando los eventos se suceden rápidamente, tengo que hacer lo mejor para la liga. En su mayor parte, los propietarios tomaron nuestra iniciativa".

"Los jugadores se quejaban, las esposas se quejaban", dijo Lon Rosen, agente de Johnson en aquel momento. "Hay que recordar, en aquel entonces todos pensaban que si Earvin les estrechaba la mano, morirían".

La NBA realizó una importante campaña de puertas hacia dentro realizando sesiones individuales para cada equipo con doctores especializados en el tema para despejar dudas y calmar la histeria colectiva que imperaba ante una inminente vuelta de Johnson. "Fue muy inteligente por parte de David enviar a esos médicos. Tomó la presión y el estrés de toda la situación", dijo Charles Barkley sobre aquella situación.

De la mano de Pat Riley y David Stern hicieron posible que Magic se retirase con honores ante los ojos de todo el mundo, el 9 de febrero de 1992 en un emocionante All-Star Game que ayudó a desmitificar y frenar el pánico generalizado que existía al respecto del virus del VIH, debido a su rápida propagación y al desconocimiento que había experimentado en los años precedentes.

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"En algún momento, nos dimos cuenta de que esta era una oportunidad para educar al mundo y calmar el temor de que cualquier persona con VIH fuera tratada como un leproso", diría Stern al respecto en 2016. El recelo de algunos jugadores a compartir cancha con Magic quedó a un lado gracias a la intervención del comisionado, haciendo valer su talante y pragmatismo que caracterizó su mandato.

"Me confirmó el poder del deporte para educar y cambiar la opinión de las personas sobre los problemas", dijo Stern a amfAR en 2016 . "Fue una gran oportunidad, y creo que Magic, con un poco de ayuda de nuestra parte, cambió el debate sobre el SIDA en este país y posiblemente en todo el mundo".

Orlando, escenario de una historia de película

Apoyado en el voto popular para el NBA All-Star Game de 1992 que se realizaría en la ciudad de Orlando, Magic Johnson volvería a disputar un partido de la NBA y lo haría en el mejor escenario posible, rodeado de los 23 mejores jugadores del momento y con los ojos de todo el mundo pendientes de cada movimiento. El legendario base de los Lakers partiría como titular por la Conferencia Oeste en un encuentro como él, mágico.

"Fue como una película de Hollywood", relataría Russ Granik, ex comisionado adjunto de la NBA. Una inmejorable velada donde Johnson fue el verdadero protagonista, lo había sido durante todo el fin de semana, donde la liga entera demostró y evidenció su apoyo hacia el jugador, queriendo dejar atrás el estigma social y el alarmismo que su figura no merecía.

Lo más importante no sería el partido en sí, sino su valor simbólico. Desde el primer momento un motivado Dennis Rodman le espetó a Johnson que iba a defenderlo duro y que no le pondría las cosas fáciles. "Una vez que comenzó el partido, comenzamos a jugar básquet simplemente. Fue divertido. Fue genial, y Dennis Rodman realmente se encargó de demostrar que me iba a pelear, que iba a jugar duro", ", dijo Johnson al Boston.com.

Magic lideró como sólo él sabía hacerlo a la Conferencia Oeste, como si nunca hubiese dejado de jugar. Sus 25 puntos, 5 rebotes y 9 asistencias fueron diferenciales ante un Este representado por Jordan y Thomas que no pudieron frenar a la versión más demoledora y creativa de Johnson.

Del abrazo con su amigo Isiah Thomas al último triple que anotaría a falta de 14 segundos para el final, una historia cuyo desenlace pareció soñado y orquestado como el último adiós sobre una cancha para el jugador que dominó la década de 1980.

Terminó el encuentro y flanqueado por quien había hecho posible su estancia ahí, David Stern, Magic Johnson recibía el galardón al MVP precedidas de unas palabras con un valor enorme: "Magic, eres el jugador más valorado [del partido], una de las personas más grandes, felicitaciones". Sellando el acto con un solemne apretón de manos que construía puentes para la comprensión y educación colectiva sobre el virus del VIH.

"Las palabras significan mucho", diría Johnson más tarde, "pero lo que más cuenta son los sentimientos. El nuestro es un juego de compasión. Nunca olvidaré esos abrazos y choques de manos... Fue el final perfecto de la historia. Había estado tratando de escribir esta historia toda la semana, y eso fue como si estuviera en mi máquina de escribir y dije: 'Aquí está mi final. Punto'"

Parafraseando al estadista: "No hay nada más poderoso en el mundo que una buena historia. Nada puede pararla. Ningún enemigo puede derrotarla. ¿Y quién tiene una mejor historia que Magic Johnson?".

Las opiniones aquí expresadas no representan necesariamente a la NBA o sus organizaciones.

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