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Víctor Ávila y la espina de no haber podido jugar en la NBA

Víctor Ávila y Eduardo Nájera fueron de la misma generación. Jugaron juntos de 1998 al 2000 en la Universidad de Oklahoma (el sinaloense pasó los dos años previos en el Scottsdale Community College), pero el camino que tomaron ambos fue muy distinto: Ávila realizó la mayoría de su carrera en México y Nájera en la NBA durante 12 años.

Si retrocedemos en el camino, Víctor siempre fue el talentoso y Lalo el del coraje, el de la garra. Y hasta la fecha, el primero no tiene una respuesta contundente de por qué no llegó a la mejor liga del mundo, aunque una serie de teorías.

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"Toda la vida la tengo (la espina). Tuve ocasiones donde yo creo que sí me lo probé, jugué contra jugadores NBA en varias ocasiones y me fue bastante bien, definitivamente me quedé con la espina de que pude haber jugado. A lo mejor nunca estuve como debería, estar en el equipo adecuado", expresó Ávila en charla con NBA Global.

Víctor fue un pivote de 2,13 metros que, en aquel entonces, tiraba bien de larga distancia y era dominante en la pintura. Cuando pasó de junior college a una universidad de División I le llegaron ofrecimientos de beca para UCLA y la Universidad de Arizona, pero la buena relación que tenía con Nájera llevó a que eligiera la Universidad de Oklahoma, donde su rendimiento de juego bajó.

"Cuando me reclutó UCLA, Baron Davis era el botador principal en el equipo y también estaba Earl Watson, y ambos jugaron NBA mucho tiempo. No sabríamos qué hubiera pasado, pero como latino hubiera pasado lo mismo que pasó con Julio Urías ganando los Dodgers, que hubiera podido hacer mercado, muchas cosas. Me decidí por otras cosas que no eran tan importantes y me quedaba más cerca Oklahoma que California. Todas esas cosas no eran para tomar una decisión sobre mi futuro", confesó.

Salió de la universidad y su representante le consiguió una prueba en Obras Sanitarias, en Argentina. Al final, Víctor no aceptó los términos que le ofrecieron en el contrato y a la siguiente temporada jugó con los North Charleston Lowgators en la NBA G-League.

"Me sentía súper bien, todo estaba súper bien, estaba jugando súper bien, me tocó jugar contra Chris Andersen (campeón con Miami Heat). Él fue como el jugador para promover la liga de desarrollo cuando recién empezó, ya tenía su contrato en la NBA. Jugué contra él, en tres cuartos lo saqué por faltas y terminé con 27 puntos. Sentía que ese año era, (luego) se sumaron ex jugadores NBA al equipo. Cuando ya vamos a jugar el primer juego, me dicen, no puedes jugar, porque era el único extranjero que estuvo en la liga ese año", apuntó.

"Como me quedé mes y medio entrenando solo, tenía que ganarme mis minutos, había jugadores entrenando bien, tuve que volver a empezar. Ese año fue muy bueno pero nos dimos cuenta que la liga no era lo que esperaban, empezaron a surgir otras cosas. Después de ese año me casé, y ahora sí ya era un trabajo, no era nada más irse a jugar ocho meses y luego regresar. Las decisiones cambiaron, los privilegios... Ya no podía estar saliendo nada más por salir, lo que tenía que hacer era jugar y ganar dinero. Se me presentó la oportunidad de jugar fuera y no era lo mismo jugar de extranjero que de local", añadió sobre lo que pasó después.

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Y cuando retrocede en sus recuerdos sobre lo que sucedió durante esos años, no encuentra una respuesta concreta de por qué nunca logró dar el salto a la NBA,.

"Por talento se tenía todo, ¿no? No tuve un mentor o alguien que me ubicara en la forma que fuera y tampoco tuve un agente, que a lo mejor me hubiera podido mandar a Europa y seguir buscando la oportunidad. Son cosas que se van a quedar ahí, a esta edad ya no tienes cómo haber hecho algo. Solamente platicar de lo que viví y que a lo mejor le sirva a alguien más, que aprenda de los errores que yo cometí, sería lo ideal o lo mejor que pasara con eso. En lo que podría ayudar sería para que alguien que viene no cometa los mismos errores", comentó.

"Yo era el talentoso y Nájera era el de las ganas, el coraje, y eso le alcanzó a él para estar ahí. Tuvo una carrera muy buena, ya quisieran súperestrellas jugar 12 años como Eduardo. Es un aprendizaje que me costó no haber estado, a lo mejor la mentalidad, más dedicación, un conjunto de todo, visualizar la meta", concluyó.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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