Los Angeles Clippers

Los LA Clippers y un problema de base

Aún cuando tienen el segundo mejor récord de la liga y la tercera mejor ofensiva de la competencia, hay ciertas debilidades que los LA Clippers no deberían dejar pasar de largo a la hora de planear su 2020-2021. Después de todo, hablamos de un equipo armado para pelear por el título, por lo que conformarse con un buen papel en la Fase Regular está lejos de ser suficiente. Y mucho menos luego de la frustración de los Playoffs 2020.

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Una de esas debilidades importantes salió a la luz en la reciente derrota del equipo ante los Nets por 124-120. Los de Lue anotaron 120 puntos, por lo que es difícil decir que su ofensiva no funcionó, pero sí podemos marcar que hubo defectos que hicieron que no puedan resolver de mejor manera la propuesta defensiva de Brooklyn y no terminaran de explotar los puntos débiles del equipo de Nash. Y esos defectos se repiten en el tiempo, por lo que ya son mucho más tendencia que casualidad.

Al igual que en la temporada pasada, los Clippers son un equipo demasiado dependiente del uno contra uno, específicamente de Kawhi Leonard y Paul George. De hecho, son el tercer conjunto que más situaciones de ese tipo (poste bajo o aclarados) consume por partido: 16,3. Por delante solo aparecen los Lakers (21,6) y los Trail Blazers (17,9). Y si bien uno podría decir que el hecho de que los Lakers lideren esa tabla es una validación para ese estilo de juego, hay que ponerle un asterisco a cualquier dato que incluya la presencia de LeBron James. Un conjunto con LeBron puede ganar prácticamente de cualquier manera, pero distinta es la situación para el resto de los mortales.

Contra muchos rivales esa resolución individual de Kawhi y George es suficiente, sobre todo en Fase Regular. Pero cuando la presión crece en la postemporada y los rivales se vuelven más fuertes, esas individualidades necesitan un equipo que las eleve. Y si no es un equipo como colectivo, alguien que al menos pueda tomar las riendas y ordenar de manera confiable la ofensiva.

Ante los Nets el uno contra uno de Leonard y George les alcanzó durante tres cuartos. Pero cuando Brooklyn se fortaleció en defensa, la ofensiva angelina empezó a trabarse y a ver como los de Nash tomaban el control del partido, para no volver a cederlo hasta el cierre. Los neoyorquinos tienen claras debilidades en el campo propio, sobre todo en términos de protección de la pintura, pero los Clippers jamás tuvieron la inteligencia como para exponer esa flaqueza. En su lugar, insistieron con acciones de poste bajo para Leonard o Ibaka, cayendo en el mismo pecado que muchos rivales de Houston en la 2019-2020: intentar atacar un aparente mismatch contra James Harden cerca del aro. Y si bien sabemos que el ex Rockets tiene sus problemas en la marca, a la hora de defender a un jugador de espaldas, es el jugador más efectivo de toda la NBA (los números de estos años así lo indican).

Sin un organizador de juego que haga pensar a los de Lue, los Clippers cayeron una y otra vez en ese tipo de errores. Y aunque tienen el suficiente talento como para aún así ser altamente competitivos, la sensación es que a la larga ese esquema tiene un techo y es difícil imaginarlos venciendo a la verdadera élite de la liga. Aún cuando la capacidad resolutiva de Leonard y George es innegable, queda claro que a este equipo le sigue faltando un base confiable que genere buenos tiros para sus compañeros y sea capaz de quitarle algo de presión a los aleros. Quienes por otro lado, no son ningunos dotados a la hora de pasar el balón. De hecho, a pesar de tener el tercer mejor rating ofensivo de la 2020-2021, los californianos aparecen apenas 15° en cuanto a asistencias por encuentro.

Las alternativas en la base con las que actualmente cuenta el plantel no parecen traer demasiadas respuestas a ese problema. Patrick Beverley es un muy buen defensor, pero aporta poco en ataque. Lou Williams está jugando el peor básquet de su carrera (9,1 puntos de media) y Reggie Jackson sabemos que no es ninguna garantía, ni en ataque ni en defensa. Ninguno de los tres pasa de los 9 tantos o las 3 asistencias por juego.

Dicho escenario se contrasta absolutamente con el del resto de los conjuntos que se perfilan para los Playoffs. Philadelphia tiene en la base a un All-Star como Simmons, Brooklyn a Irving más Harden, Milwaukee a Holiday, Boston a Kemba, Miami a Dragic más Butler, Indiana a Brogdon, Atlanta a Young, Toronto a Lowry, Utah a Conley más Mitchell, los Lakers a Schroder más LeBron, Denver a Murray y Morris, Phoenix a Paul, Dallas a Luka, Memphis a Morant, Portland a Lillard, Golden State a Curry...

La diferencia de esos nombres con los de los Clippers son notables. Y aunque es un hecho que los angelinos presentan probablemente la mejor dupla de 2-3 de la liga con George y Leonard, la ausencia de ese base generador es un peligro. Y ni siquiera hablamos de alguien calibre All-Star, sino de una pieza confiable que pueda darle orden y estructura a los ataques en momentos de presión. Un Rajon Rondo (en su mejor versión), un Ricky Rubio o mismo un Lonzo Ball, aunque la falta de desequilibrio de este podría ser un problema en duelos de alta tensión.

La opción de Ricky es una especialmente atractiva. Parece un hecho que su situación en Minnesota no es favorable para ninguno de los lados. El equipo está hundido en el fondo de la tabla, Rubio no está jugando bien y no tendría demasiado sentido que los Timberwolves mantengan en el plantel a un jugador veterano al que deberán pagarle casi 18 millones de dólares en la próxima campaña. Para los Clippers, sin embargo, podría ser una solución más que bienvenida. El español tiene aún mucho más para dar de lo que está mostrando en Minneapolis y así como Nicolas Batum transformó completamente su juego al cambiar la motivación que encontraba en Charlotte por la de Los Angeles, algo similar puede ocurrir con Rubio.

Los Clippers no necesitan un base capaz de anotar 20 puntos por partido. Pero sí alguien que sepa comandar una ofensiva, genere buenos tiros para sus compañeros y sobre todo, no le pese la bola en partidos calientes. Rubio les daría todo eso y un canje no parece inaccesible: un paquete alrededor de Patrick Beverley (contrato bastante similar al de Ricky) más algún jugador joven y/o picks de Draft, podría ser suficiente para convencer a Minnesota.

La Fase Regular 2020-2021 tendrá seguramente a los Clippers entre sus mejores equipos, tal como ha sucedido hasta ahora. Pero si la idea es pelear por el Larry O'Brien deben aprender la lección de la campaña anterior y cubrir sus huecos antes que sea demasiado tarde.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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