Brooklyn Nets

Kevin Durant y DeMar DeRozan, dos maneras similares de brillar a contracorriente

Basta con que una idea se asiente en la mente de muchos para que se convierta en una verdad incuestionable. A lo largo del último lustro se ha defendido a capa y espada que la media distancia era ya un terreno prohibido, un espacio a evitar bajo cualquier concepto. Mejor dar dos pasos atrás y lanzar un triple, o bien dos adelante y finalizar cerca del aro, antes que intentar una suspensión en la prolongación del tiro libre. Lo que a principios de la década de 2010 comenzó a expandirse como la nueva idea vanguardista a considerar, pronto se trasladó a los bancos y de ahí a los medios, que convirtieron en un mantra aquello de que la media distancia había muerto.

Y, en cierto modo, a todos ellos no les faltaba razón. El lanzamiento era poco eficiente en términos estadísticos pues la inversión que debía hacerse para sacar adelante esto era demasiado alta en comparación a los beneficios que podían obtenerse. Así, poco a poco, el volumen fue decayendo, pasando de un tercio sobre el total de tiros al aro en la 2011-2012 a asentarse entre el 13% y el 12% a lo largo de las tres últimas temporadas.

El uso de la media distancia a nivel ofensivo se encuentra ahora mismo en los márgenes de la liga, entre las notas a pie de página. A veces es un intento a la desesperada de salvar una posesión, en otras fruto del atrevimiento de un novato o bien de un veterano venido a menos.

Sin embargo, todavía hay algunos que siguen creyendo que hay una modo de entender el básquet que pasa necesariamente por concentrar sus tiros de campo en esas latitudes. A estas alturas sus nombres no deberían sorprender a nadie, más bien lo contrario, pues Kevin Durant y DeMar DeRozan se mantienen en la cúspide dentro de este apartado. Los dos integran una especie de particular élite que se distingue notablemente del resto. Son los dos que más tiran, pero también los que más anotan y los más precisos. Los dos veteranos están reconfigurando el modo de entender este tipo de tiros, haciendo de ellos más que una pieza de museo la prueba fehaciente de que más allá de lo que digan los números existe una lógica aplastante en este deporte: si alguien hace bien algo, no lo obligues a abandonarlo.

Un ejemplo de cómo una decisión técnica puede alterar el estilo de un jugador, hasta casi vaciar la esencia del mismo, lo encontramos en el Chris Paul de Houston Rockets. El base renunció casi por completo a la media distancia a su llegada a Texas, pasando de 5,3 intentos en 2017 con Clippers a un mínimo de 2,5 en 2019 bajo las órdenes de Daryl Morey y Mike D'Antoni. Tuvo que salir de ahí y poner rumbo a Phoenix previo paso por OKC para volver a ser él mismo.

En el pasado, DeRozan tuvo que pasar por un complicado tramo de su carrera como jugador. El juego de los Raptors demandaba que intentase más y más triples, sin ir más lejos era la tendencia de la liga e ir en contra de la corriente no tenía ningún sentido. Así, para la 2017-2018 el escolta californiano duplicó el volumen de lanzamientos exteriores que intentaba por partido hasta un máximo de carrera de 3,6. ¿El resultado? Una efectividad del 31% al triple y una reducción drástica de los intentos en los espacios donde sí era eficiente. Su traspaso a los Spurs fue una liberación en ese sentido, lanzando un total de 80 triples en dos temporadas completas y llegando a encadenar dos rachas diferentes de más de 10 encuentros sin intentar un solo triple.

Mientras, Durant tuvo que sacrificar buena parte de su infinito potencial y recursos ofensivos al integrarse en la estructura de Golden State Warriors. Un precio asumible a pagar teniendo en cuenta todo lo que podía conseguir. Para entonces el tiro de media distancia, si bien resultaba eficaz en sus manos, no había sido un arma excesivamente explotada por su parte, representando tan solo un 18% de sus intentos de campo entre 2011 y 2017. Fue en la última campaña en La Bahía en donde comenzó a explorar y explotar cada vez más la media distancia como una zona fetiche en su juego hasta suponer un tercio de sus tiros.

Esas latitudes le permitían a KD gastar menos esfuerzo que un triple tras drible, reduciendo el impacto y aprovechándose de que las defensas empezaban a permitir esos lanzamientos al considerarlos ineficientes por norma. Así, en su desembarco en los Nets, el alero se dejaría fluir por esa pulsión hasta hacer de ella un gesto prácticamente indefendible.

"Creo que cualquiera que piense que la media distancia no importa nunca jugó al básquet, nunca estuvo en momentos cruciales, que entiende cómo es el básquet, de qué se construye este deporte", dijo DeRozan recientemente acerca de los lanzamientos desde la 'zona muerta. "Algunos de los mejores jugadores fueron ganadores desde la media distancia. Siempre he creído que si dominas un espacio en cualquier punto de la cancha y te vuelves dominante, las defensas deben reaccionar ante ti. Shaq no realizaba tiros en suspensión desde la media distancia, pero era tan dominante donde estaba que eso es lo que lo hacía tan bueno. Y tienes a Steph Curry, en lo que es genial, pero no todo el mundo puede ser un Steph Curry. No todo el mundo puede ser un jugador dominante desde la media distancia".

"Cuando realizas ese tipo de lanzamiento con un alto porcentaje de acierto, no pueden decirte nada", aseguró D'Angelo Russell a este medio en 2019. "Esa mentalidad de perfeccionar algo, de encontrar ese detalle que te hace característico, que te define en definitiva, es diferencial. Cuando estás en un nivel como el de la NBA, todo el mundo tiene un nicho. Cuando encuentras tu nicho solamente tienes que continuar, probarlo y mantener la confianza".

Y eso es precisamente lo que están haciendo tanto DeRozan como Durant, los cuales lideran la liga desde este tipo de distancias a razón de un 47,5% y 55,1% de acierto, respectivamente. Las defensas están tomando buena cuenta de que ahora ellos dos son un absoluto peligro cuando se acercan a los aledaños del tiro libre. Pero llegan tarde. Durante los últimos años los equipos rivales han sabido conciliar con que el atacante intentara un lanzamiento desde ahí amparándose en que era mejor un tiro sin apenas presión en comparación al riesgo que podía haber de que penetrase hasta la zona o bien se decidiese por un triple antes de poner la bola en el suelo. El problema es que en la NBA reside la élite, pero la élite de cada categoría, de cada fragmento del juego. Y hay figuras a las que no se las puede compartimentar y generalizar en relación a una estadística.

"Mucha gente quiere desacreditar esa parte del juego. Creo que el tiro desde la media distancia es un arte perdido. Y DeMar es uno de los tipos que domina eso", reconoció Carmelo Anthony, uno de los más virtuosos en estas latitudes, hace unas pocas semanas. "Muchos equipos vivirán con eso, pero, ¿por qué no tratar de descubrir cómo dominar ese tiro y ser dominante ya que van a permitírtelo?".

La actual temporada está sirviendo como un recordatorio de que no hay una ley estadística que aplicar a todos los habitantes de la NBA y que, más concretamente, contra las estrellas mejor no especular ni conceder un solo centímetro de terreno en defensa. DeMar DeRozan y Kevin Durant están haciendo renacer la media distancia del mismo modo que Nikola Jokic y Joel Embiid lo han hecho con el juego al poste bajo. El básquet más clásico no ha desaparecido, solo ha mutado.

Las opiniones aquí expresadas no representan necesariamente a la NBA o a sus organizaciones.

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