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Houston Rockets debe cambiar su ofensiva de aclarados si quiere tener éxito en Playoffs

A simple vista parecería contradictorio decir que el problema de Houston de cara a los Playoffs puede pasar por el costado ofensivo. Después de todo, son la segunda ofensiva más productiva de la 2019-2020 (tanto en puntos por partido como en rating) y tienen al máximo anotador de la competencia en James Harden (34,4 tantos), muy bien acompañado por un Russell Westbrook que promedió 32,2 puntos desde el 9 de enero en adelante.

Todo eso es cierto. Como también lo es el hecho de que los de Mike D'Antoni actualmente aparecen 15° en cuanto a rating defensivo. Está claro que sus mayores puntos débiles están en ese costado.

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Sin embargo, por "problema" nos referimos a los que verdaderamente están al alcance de los Rockets. Los que pueden evitar o al menos esconder. Probablemente esta conformación del equipo nunca vaya a dar más que esa mitad de tabla en la que se ubican actualmente. Sencillamente no tienen el personal para hacerlo y mucho menos desde la salida de Clint Capela. Por eso, la clave pasará por cuán dominantes pueden ser en el otro campo. Y si nos guiamos por los últimos años, hay tendencias a las que deberían prestarles atención.

La ofensiva de los Rockets está construida alrededor de las acciones de aclarados como ninguna otra de la liga. Houston utiliza 23,1 posesiones por juego por esa vía, mientras que el segundo de la tabla es Portland con 11,2. Nadie más supera las 10. Y no solo eso, también son extremadamente eficientes en esas jugadas, estando al tope del ranking con sus 1,04 Puntos por Posesión.

Esto no es nuevo: desde hace años que los Rockets apuestan por esas acciones como parte integral de su ataque. Y por ende, tenemos evidencia más que suficiente para decir que postemporada tras postemporada, ese dominio que alcanzan durante la Fase Regular pierde fuerza en los Playoffs: en la 2016-2017 anotaron 0,95 Puntos por Posesión en la Fase Regular y bajaron a 0,90 en Playoffs. Al año siguiente la caída fue de 1,12 a 1,02. Mientras que en la 2018-2019, de 1,06 a 0,97.

Muchas veces se apunta a Houston como el equipo más impredecible de la NBA y en muchos aspectos, tiene sentido hacerlo: gran parte de su éxito en un partido determinado depende de cuán certeros estén en los 45 o 50 triples que intenten esa noche. Pero a la vez, es justo etiquetarlos con el otro extremo y ponerlos en el grupo de los conjuntos más predecibles y sencillos de descifrar. Los texanos no han tenido Plan B cada vez que el A fue neutralizado.

Al punto tal llega esa predecibilidad, que uno normalmente podría dibujar el mapa de tiro de los Rockets desde antes que comiencen sus partidos (algo que apenas ha cambiado gracias a los tiros a media distancia de Russell Westbrook).

Lo hemos visto muchísimas en Playoffs: en los momentos más calientes de una serie, toda la ofensiva de Houston queda reducida a lo que pueda hacer James Harden en esos aclarados, ya sea para conseguir sus puntos o asistir al triple a pie firme de un compañero. No hay sorpresa alguna y aunque La Barba tiene su responsabilidad importante en varias actuaciones que no estuvieron a la altura de lo esperado en esas instancias, también es cierto que pedirle que resuelva constantemente en el uno contra uno, frente a defensas que habitualmente están entre las mejores del torneo, es una carga excesiva y con muy poca probabilidad de éxito.

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Los Rockets son el segundo equipo que menos se pasa el balón en la 2019-2020: solo realizan 242,1 pases por partido. Y de nuevo, nadie puede argumentar que no les está funcionando en la Fase Regular, pero como ya vimos, se trata de un defecto que suelen pagar mucho más caro una vez que comienza la etapa definitoria de la campaña.

Aún más importante: el abuso de los aclarados le saca mucho sentido a la apuesta de jugar un básquet sin internos, con cinco tiradores al mismo tiempo en cancha. El small-ball de los Warriors lograba hacer el daño que hacía gracias a su movimiento de pelota y de hombres. Es con esa constante dinámica donde se le puede sacar provecho a tener jugadores más rápidos que muchos de sus defensores. Tener a Eric Gordon estático a la espera de una asistencia le presenta el mismo desafío a la defensa que si ese jugador fuera un triplero de 2,10 metros como Ryan Anderson.

Comparen esta acción con cualquiera que se les venga a la mente de las formaciones pequeñas de los Warriors, habitualmente repletas de cortinas indirectas, salidas múltiples y sobre todo, frecuencia de pases.

Si los Rockets pretenden que las virtudes de su súper small-ball compensen los defectos, debn ser más inteligentes a la hora de maximizar el potencial ofensivo de esa alineación. Y eso, al menos en Playoffs, viene de la mano de un mayor compartimiento de la bola y una menor dosis de aclarados. Todos sus antecedentes recientes así lo demuestran.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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