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Golden State Warriors

Cinco motivos que hicieron a los Golden State Warriors de la 2006-2007 el mayor equipo de culto de la historia

Entre 1995 y el 2012, los Golden State Warriors ingresaron a los Playoffs en apenas una ocasión: la 2006-2007. La excepción para confirmar la regla de casi dos décadas de una franquicia de fondo de tabla, sin grandes figuras y en un papel totalmente secundario dentro de la jerarquía de la liga.

Pero no es su condición de solitaria la que vuelve memorable a aquella clasificación del 2007. Lo cierto es que se trató de un equipo con tintes irrepetibles y que logró pasar a los libros de historia de la liga, sin la necesidad de haber avanzado lejos en la postemporada.

Los verdaderos motivos, los analizamos a continuación, en el día en el que Stephen Jackson, uno de sus protagonistas principales, está cumpliendo 42 años.

We Believe

Así como pocos equipos no campeones son tan recordados como los Warriors de la 2006-2007, tampoco son muchos los conjuntos a los que inmediatamente se los asocia con un apodo. Pero tal es el caso de ese conjunto dirigido por Don Nelson. Cuando cualquier seguidor NBA hace referencia a la frase We Believe, la mente se posa inmediatamente en ese plantel que llegó a los Playoffs 2007.

¿Cómo nació ese sobrenombre? Se fue forjando gracias a la enorme remontada que les permitió clasificarse a la postemporada, cuando apenas algunas semanas atrás parecían destinados a la Lotería del Draft.

Al 4 de marzo del 2007, con poco más de un mes de Fase Regular restante, los Warriors tenían récord de 26 victorias y 35 derrotas y estaban ubicados en la 12° posición de la Conferencia Oeste, a cuatro juegos de diferencia del octavo lugar (Denver Nuggets, 28-29). Había pocos indicios que ilusionaran a sus fanáticos, pero contra todos los pronósticos, los californianos empezaron a recortar la brecha.

Golden State ganó 9 de los últimos 10 partidos de la Fase Regular, incluyendo los ultimos cinco de manera consecutiva, para terminar con marca de 42-40, siendo la primera vez en 13 años que superaban el 50% de victorias. Y aprovechando un notorio bajón de los Clippers (40-42), los de Nelson se metieron a los Playoffs por la puerta de atrás.

Claro que el premio no era para nada alentador: enfrentar a los Dallas Mavericks, que venían de ganar 67 partidos y de consagrar a Dirk Nowitzki como el MVP de la liga.

Sin embargo, lejos de conformarse con el objetivo cumplido de la clasificación, los Warriors y sus fanáticos se aferraron más fuerte que nunca al mantra del We Believe, saliendo al cruce de Dallas con una confianza y decisión que tomó completamente por sorpresa a los texanos, desde el mismísimo primer partido (97-85 como visitantes).

Golden State se terminaría quedando con la serie por 4-2, coronando la sorpresa con un inolvidable Juego 6 en el Oracle, ganado por 111-86, gracias a una tremnda explosión en el tercer cuarto (36-15). Todo un presagió de lo que varios años más tarde se transformaría en un clásico de la mano de Steph, Klay y KD. Era apenas la tercera ocasión de la historia en la que un octavo clasificado lograba eliminar al número uno de la conferencia y ninguna más sorpresiva que esa.

Poco importó que en las semis del Oeste fueron ampliamente dominados por el Utah Jazz (4-1). Aquel equipo del We Believe ya había pasado a la inmortalidad.

La magia de Oracle

Cuando uno piensa en los estadios más ruidosos que se hayan visto alrededor de la liga, las noches del 2007 en el Oracle tienen que formar parte de cualquier lista. Lejos de la moda y el público de más alto perfil que atrayeron recientemente con los equipos campeones de Steve Kerr, aquellos eran fanáticos Warriors puros y de nacimiento. Y vaya que se hacían sentir.

El equipo y su gente lograron una comunión fundamental para el éxito que terminaron consiguiendo en los últimos meses de la campaña. No hay recuerdo del We Believe que no incluya los miles y miles de pañuelos amarillos volando por los aires, en medio de un ambiente infernal.

Desde marzo en adelante, Golden State ganó 14 de los 16 partidos que disputó en casa, incluyendo 4 de 5 en Playoffs. Una ventaja de localía como pocas veces se ha visto en la historia de la competencia y un factor decisivo para la perdurabilidad de esa versión de los Warriors.

Un verdadero sexto hombre.

Capitán Jack

Si hubiera que definir a esos Warriors con una palabra, seguramente la más adecuada sería carisma. Y nadie más representativo de ese carisma que Stephen Jackson.

El alero había sido traspasado desde Indiana en enero de ese 2007, junto a Al Harrington, a cambio de Troy Murphy y Mike Dunleavy, entre otras piezas. E inmediatamente se transformó en el corazón de Golden State, más allá de que la batuta ofensiva era cargada por Baron Davis y Jason Richardson.

La versatilidad, el tiro de tres puntos, la personalidad fuerte, la actitud desafiante, el corazón, el juego con el público... todas las virtudes de esos Warriors, resumidas en un hombre.

Su actuación en el decisivo Juego 6 ante los Mavs, todavía es recordada como una de las grandes noches de Playoffs de las últimas décadas: 33 puntos, 5 rebotes, 3 asistencias, 3 robos, 7-8 en triples.

Golden State tuvo muchas figuras importantes que impulsaron esos meses memorables, pero ninguna más significativa que Jackson. Un líder singular, para un equipo singular.

¡Davis sobre AK47!

La serie de Semis del Oeste dejó pocos recuerdos positivos para los Warriors (caída por 4-1). Con una excepción notable: el Juego 3, en el que dominaron al Jazz por 125-105, abriendo la esperanza de que podrían emparejar el cruce con su seguridad para defender la localía.

Baron Davis fue la figura excluyente de ese partido, no solo por sus 32 puntos, 9 asistencias, 6 robos y 4 rebotes, sino por haber dejado la que aún hasta hoy, es una de las volcadas más espectaculares que se hayan visto en la historia de la postemporada. Otro símbolo insoslayable de esa etapa.

Don small-ball

El último, pero no menor motivo por el cual seguimos pensando en aquellos Warriors mucho más que en otros conjuntos de desenlace similar, tiene que ver con el estilo de juego.

Don Nelson se sumó a Golden State en esa campaña e inmediatamente le puso su impronta: apostaron fuertemente al tiro externo, subieron de manera exponencial el ritmo de juego, liderando la liga con 99 posesiones por partido y apostaron a una de las primeras versiones del small-ball tan utilizado hoy en día. No por nada Nelson es considerado uno de los grandes pioneros del básquet moderno, por supuesto.

Las formaciones usadas en los Playoffs son un fiel ejemplo de esa visión adelantada del entrenador: en varios partidos salió con Al Harrington, por entonces considerado un 3-4, como pivote titular, rodeándolo con una serie de escoltas y aleros versátiles como Jason Richardson, Stephen Jackson, Mickael Pietrus y Matt Barnes.

Nada que sorprenda en el 2020, pero toda una revolución para esa época.

La combinación de juego frenético y novedoso, el carisma, la fogosidad del público y la condición extrema de underdog, transformaron a los Warriors del 2007 en un equipo de culto sin igual, que aún hoy seguimos celebrando.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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