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NBA Finals 2020

Finales NBA 2020: la salvación de Dwight Howard

Impotente. Así se sentía cuando el color rojo restaba en su contra. Pese a todo el músculo que acumulaba no podía hacer nada. Solo levantar la mirada suponía ver a los suyos derrotados. Nadie los esperaba allí, pero no servía de excusa. El Amway Arena respiraba fracaso.

Tenía 23 años. Era joven, fuerte y dominante, pero nada podía hacer. Sentado junto a Jameer Nelson, su gran compañero de batallas, el dolor era grande. Quedaban minutos, la cuenta atrás era inevitable. Echar la cabeza arriba y abajo no servía de nada. Sin embargo, era lo único que conseguía realizar en aquellos momentos. "Volveré", pensó, "y jugaré más duro que nunca". Lo que no sabía era el viaje a recorrer antes de regresar.

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Dwight Howard se despidió de su primera visita a las Finales el 14 de junio de 2009. Los Lakers se proclamaban campeones por primera vez desde 2002. Era el cuarto de Kobe, el primero de Pau. Mientras el pivote español celebraba por los pasillos, Superman, ya con el traje de Clark Kent, se despidió de él. También habló con Bryant, le pidió consejo para ser mejor.

"Reaccionó como: '¿Qué quieres decir? Ya eres uno de los mejores del mundo. ¿Qué quieres decir? Continúa haciendo lo que está haciendo, continúa jugando duro. Trabaja en el tiro en suspensión desde el codo y en los ganchos''. Yo estaba como, 'Bueno, ¿cuántos tiros lanzas en un día? Dijo que mil, así que eso es lo que comencé a hacer: lanzar y hacer mil tiros al día. Y al año siguiente (2010-11) fui segundo por el MVP (detrás de Derrick Rose)".

Aunque las años bailan en la cabeza de Howard anda muy cerca de la cancha. Aquella charla fue la más larga que tuvo con Kobe antes de ser compañeros, una que le impulso a trabajar más. En la 2009-2010, la siguiente a perder las Finales, tuvo un rendimiento similar, solo que con algo menos de balón y más eficiencia. Fue después, la 2010-2011, cuando promedió 22,9 puntos, 14,1 rebotes y 2,4 tapones para superar a LeBron y ser segundo por detrás de Rose. Esa carrera por el MVP es una de las más potentes de la historia reciente de la competición.

Howard se sentó con Shams Charania, de The Athletic, y mantuvieron una conversación en Disney a finales de septiembre, antes de que arrancasen las Finales 2020. Son 11 los años que han pasado desde que Dwight disputó las de 2009, incluso arañando unos meses extra por las características propias de esta inverosímil campaña.

"Sé lo difícil que es. Te quita mucho", explicó Howad. "Recuerdo que cuando perdimos (en 2009), me senté fuera de mi casa durante dos días seguidos. No comí, no quería hablar con nadie. Estaba tan herido, tan agotado mentalmente por perder en las Finales".

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Ironía o casualidad de la vida, Superman tiene el título y lucirá el anillo de campeón en los próximos meses. Lo consigue con la franquicia a la que soñó llegar, de la que se marchó más hundido que nunca y a la que juró no regresar. El suyo recordaba al camino de Shaquille O'Neal, pivote joven dominante con Orlando, derrota en las Finales y gloria en Hollywood junto a Kobe. Pero no, el suyo resultó mucho más escabroso.

"Me di cuenta de que lo más difícil es llegar a las Finales. Todo tiene que estar alineado", sigue Dwight. "Siete años después de dejar los Lakers, cuando unos años antes estaba jugando contra ellos en las Finales, vuelvo y estoy jugando en las Finales con el equipo que nos ganó. Me prometí a mí mismo la noche que perdimos en Orlando que si alguna vez tenía la oportunidad de volver, iba a darlo todo".

El paso de Howard por Los Ángeles fue complicado. No solo por él, si no por el circo mediático de alrededor. Era imposible que aquel gigante formado por Kobe Bryant, Steve Nash, Pau Gasol y Dwight Howard, con Mike D'Antoni, no fuese la bomba del mercado. La falta de entendimiento agravó los problemas de una plantilla destrozada por las lesiones. Kobe cayó, Nash apenas pudo levantarse y Howard batallaba sin espalda.

"Cuando dejé LA por primera vez, dije que no me imaginaba volviendo a ese equipo. Estaba tan enojado y molesto por cómo iban las cosas y cómo me percibían, que pensé: "he terminado con Los Ángeles. No puedo. No quiero jugar para los Lakers. No quiero escuchar a los Lakers. No quiero oír hablar de nada relacionado con Los Ángeles".

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Por la puerta de atrás, enfrentado a Bryant y una afición que le rechazaba. Howard se marchó a Houston y tras un primer año notable a nivel individual comenzó su declive. El que apenas dos años atrás era candidato a MVP perdía minutos y relevancia en Texas. Atlanta, Charlotte y Washington fueron los destinos para un Howard desterrado, un Superman sin hogar.

"Me he sentido así (que lo "echaban" de la liga). Lo he visto con mis propios ojos y lo he visto con otros jugadores. Me di cuenta de que me estaba pasando. Pero seguí con el plan y no permití que esas cosas negativas me afectaran. Habría sido fácil rendirse y decir que iba a hacer otra cosa. Solo tenía que despejar el ruido y mantenerme enfocado en la misión. Y eso era un campeonato".

Nadie lo esperaba cuando firmó por los Lakers el pasado verano. La lesión de DeMarcus Cousins dejaba un hueco en la rotación que parecía imposible de salvar. Entonces el debate era entre él y el francés Joakim Noah. Con todos los respetos para el galo, lo que ha hecho Howard esta temporada no está al alcance de cualquiera.

Tras años de arrastras complicados viajes, en parte por sus decisiones, Howard quiso cambiar tiempo atrás. Se lo propuso y para ello le daba igual el resto. Dijo en agosto de 2019, también a Charania, que su ego había muerto. Entonces solo eran palabras, incluso la estrategia de su equipo para mejorar su imagen al firmar por los Lakers, ese equipo del que tan mal había salido. Pero él y los suyos sabían que no había trampa. Era cierto, pero tenía que transformar esas bonitas frases en hechos.

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"Darme cuenta de que lo único que importa es asegurarme de aportar el tipo de energía adecuado a un equipo", dice Howard sobre la clave para su cambio. "Siendo ya un veterano, como jugador joven quieres obtener todos los elogios. Y sí, suena bien, te ayuda a conseguir contratos, pero nunca estás realmente satisfecho. Parece que siempre falta algo. Eso es porque tienes ego".

El rol de Howard en estos Lakers ha sido el de trabajador oscuro. Es con diferencia el jugador que más faltas cometía en temporada regular en relación a los minutos jugados. Ese ha sido su rol. Salir sabiendo que por plantilla y estilo del baloncesto actual sus minutos son limitados. Salir y ser un torrente de energía. La dureza no es una opción, es la única vía. Su promedio de tiempo en el parqué es con diferencia el más bajo de su carrera, apenas 18,9 y baja en Playoffs, pero su aportación ha sido la más sólida en años. La mejor desde que salió de Houston.

Regresar a Los Ángeles suponía muchas cosas para Dwight. Entregar el contrato, la pérdida de valor que conlleva y aceptar un rol secundario. Claro que al lado de LeBron James y Anthony Davis la situación es incluso más apetecible. Sin embargo, conllevaba mucho a nivel personal. Eliminar el ego del Howard anterior era el primer paso para que esto saliera bien. Fue él mismo el que propuso a la franquicia firmar un contrato no garantizado en el que cobraba día a día hasta enero, cuando ratificaron el acuerdo hasta el final del curso. Lo merecía.

Regresar a Los Ángeles suponía reencontrarse con Kobe. Terminaron mal y él ya estaba retirado. Terminaron mal y él es una de las mayores leyendas de la ciudad. Mientras, Howard salió por detrás. Era reunirse con Kobe y con Los Ángeles. La ciudad lo aceptó y se le puso ver ese mismo verano entrenando en canchas locales y en una forma física espectacular.

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"La percepción que ambos teníamos el uno del otro basada en lo que otras personas decían no era correcta", dice Dwight sobre su relación con Bryant. ""Mucha gente me dijo antes de su fallecimiento que estaba muy orgulloso de mí y de ver el crecimiento que había tenido como jugador".

Terminaron mal, el tiempo pasó y lo curó. "Ojalá hubiese tenido alguna buena conversación con él", lamenta.

El año ha sido muy complicado. Además de los problemas a los que se enfrenta Estados Unidos, combatiendo como todo el planeta la pandemia de COVID-19 y ante sus situaciones locales, en las que Howard apareció como figura de peso en las protestas, ha sido un año difícil en lo personal. En marzo, en el peor momento del virus, murió Melissa Rios, la madre de su hijo de seis años, David, que le acompaña en el campus de Disney.

"Todo lo que ha sucedido este año, en la cancha, fuera de la cancha, nuestra vida familiar, nuestra vida personal, ha sido difícil de manejar. La gente dice: "Cuando tienes dinero, puedes pagarlo". Lo único que quería que la gente entendiera es que el dinero no te da felicidad", dice un maduro Howard.

Pese a las dificultades y las luchas personales, Howard tiene el anillo. El papel de los pivotes de los Lakers ha caído en Playoffs, pero entre él y JaVale McGee es evidente quién ha aportado un nivel superior. Howard tuvo un papel reducido y muy importante en temporada regular, mientras en Playoffs ha tenido aportaciones de peso, como en Finales de Conferencia ante Denver.

Del 14 de junio de 2009 al 10 de noviembre de 2020. La travesía de Howard es digna de una novela. Tiene los capítulos más tristes y felices. Alegría, desesperación, rabia y plenitud. Todo esto configura lo que es hoy en día Howard, un héroe rehabilitado. Los últimos años en las sombras, por oscuros que hayan sido, ni siquiera lastiman el legado anterior de Superman. Y ahora añade el título. No es la mejor temporada de Howard, esa versión está extinta, pero sí es su temporada de salvación. Dwight ya es un campeón y, lo más importante, lo consigue a la vez que ultima su redención.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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