Acento argentino

Entrevista con Facu Campazzo, nuevo NBA para Denver Nuggets

En medio del caos, no pierde la calma, la chispa ni la sonrisa. Así es Facundo Campazzo. Genuino, auténtico, transparante... Cualidades que pintan una parte de alguien único para el básquet argentino, alguien que llegó a tomar la posta heredada por un grupo de monstruos para, a su manera, fusionarse en ese camino de grandeza, ese que irremediablemente lo iba a encontrar con este desafío de la NBA. Este Campazzo que está a horas de emprender viaje hacia la aventura, entre cajas de mudanza, valijas, ansiedades e ilusiones, es el mismo que mantiene la sonrisa, que suelta una broma cuando puede y que reflexiona con precisión para la charla con NBA.com Global.

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Así es Facundo Campazzo, el 13° jugador argentino que llegará a la NBA, el nuevo base de Denver Nuggets. En horas, este mismo viernes, será momento de viajar junto a su mujer Consuelo y su hija Sara hacia ese tan esperado sueño. Será hora de embarcarse en la aventura NBA, una que no será una más para los argentinos. Porque con su carisma y personalidad especial se transformó en el mayor ícono del básquet nacional post Generación Dorada, con todo lo que eso significa, gracias a su inigualable capacidad de derrumbar prejuicios y superar desafíos. Gracias a ese toque que separa a los grandes de los especiales. Facu, sin dudas, es especial. Y por eso vale la pena darse una vuelta por su nuevo mundo.

-¿Te cayó un poco la ficha de lo que fueron estos días?

-Hay varias fichas por caer. La primera que cayó fue jugando el domingo con Madrid ante Manresa. Ahí fue el fichón. Pero a la vez fue como una ficha rara, como de decir "listo, no juego al básquet y me voy a Córdoba". Pero todavía no me cayó la ficha NBA. Todavía no caigo. Para mí es algo soñado. Con todo esto de la mudanza, de mover a la familia, la ropa y todo, es como que seguís en una vorágine. Pero estoy con ganas de viajar, instalarme y estar los tres tranquilitos.

-Encima te agarró en un momento complejo, porque de haber sido dentro de cierta normalidad, terminabas en tu club, en julio fichabas y después empezabas la temporada tranquilo. Ahora terminaste de jugar, te vas, empezás una pretemporada en unos días y en tres semanas estás comenzando la Fase Regular.

-En un mundo ideal, el 1 de julio estaba fichando en otro equipo. Pero no estamos en un mundo ideal, y la situación llevó a jugar tres meses en el Madrid, cosa que al principio quería evitar un poco para no generar distracción, para no perjudicar al equipo. En esa época de no saber qué iba a pasar era un poco una locura y te estresás, porque querés evitar todo. Y al final en estos tres meses, mis compañeros y el club aclimataron la situación muy bien, me aclimataron todo y no lo cambio por nada. Me hicieron sentir mucho cariño, mucho amor. Estos últimos tres meses fueron increíbles. Al principio los quería evitar, pero con el diario del lunes no te los cambio porque fueron tremendos.

-¿Qué fue lo más complicado de estos tres meses de un proceso complicado?

-Lo más difícil era vivir en el día a día, disfrutar el presente. Quieras o no, en los momentos de tranquilidad -que era cuando te ibas a dormir- a la noche te dabas manija, te imaginabas cosas de lo que iba a pasar. Y la incertidumbre misma te ponía nervioso. Lo más difícil era cambiarme e irme a entrenar con mis compañeros y mi equipo, o viajar a jugar. Porque yo no pensé que iba a empezar la temporada con el equipo, y al final me veía en la situación yendo a jugar cada partido. Pero me ayudaron muchísimo mis compañeros y me facilitaron mucho las cosas. Y después a la hora de jugar, en el momento del partido se te va, porque pensás en dejar todo ahí, en hacer las cosas lo mejor posible, en no guardarme nada para terminar estos tres meses de la mejor manera. Intenté disfrutar el día a día. No fue fácil, porque seguía viendo qué iba a pasar. Pero estar con mi familia era un poco el cable a tierra.

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-En tu carta de despedida mencionaste la palabra sueño, y recién también lo mencionabas. ¿Dónde nace este sueño, en qué momento aparece la NBA en tu vida?

-Cuando era chico, cuando jugaba en Municipal con mis amigos y poníamos un step para volcarla en los aritos chiquitos, haciendo que éramos Vince Carter de Toronto. O veíamos videos de Steve Nash, de Jason Kidd, Tracy McGrady. Veíamos todo ese show, esos jugadores que la rompían en esa época. Y yo tenía posters pegados en la pieza. Algunos se mantuvieron hasta el día de hoy, pero después mi mamá me los sacó a la mayoría. Ahí empezó todo. Si bien eso era más una fantasía que un sueño, a medida que pasaron los años seguí disfrutando lo que sabía hacer, que era jugar al básquet. Pasó Muni, Unión Eléctrica, Peñarol y llega Real Madrid. Cuando uno llega a un equipo de semejante magnitud y la vidriera es muy grande, te das cuenta que si destacás en un equipo como ese, tenés más chance de llegar a la NBA. También ayudó mucho el Mundial (2019) con la Selección, tuvimos la suerte de hacerlo bien y cada jugador que estuvo mejoró y tuvo más oportunidades, es una vidriera muy grande. En esa época dije "tengo el bichito de la NBA todavía, quiero intentarlo aunque sea, no quiero retirarme el día de mañana y pensar que no lo intenté". Dije que iba a hacer todo lo posible. Mi familia, que es lo primero para mí, me apoyaba, y de ahí fui para adelante.

-Al principio, estando en Peñarol, usabas la palabra obsesión al pensar en la NBA. Después en Madrid la usaste para decir que había dejado de serlo. ¿El Mundial fue el gran punto de inflexión?

-Ayudó muchísimo, fue una vidriera muy grande para todos nosotros. Y ya hubo más acercamientos, más interés, se corrió más la bola, y justo había renovado en el Madrid. En ese momento no tenía ningún interés real de un equipo NBA, así que renové. Pasó lo del Mundial, empecé a jugar bien en la temporada y ahí fue decir "vamos a hacer todo lo posible, vamos a intentarlo por lo menos". Y acá estamos.

-¿Por qué pensás que te toca a vos? Siempre había cosas en contra para tu caso, partiendo desde el tema de la altura, que fue el principal prejuicio de tu juego.

-Este es un mundo de altos, y quieras o no cuando aparece un jugador más bajito de lo normal, cuesta un poquito más, tenés que mejorar tu físico, tenés que destacarte más, tenés que mantenerte más tiempo en buen nivel. Creo que iba por ahí el tema. Siempre lidié con ese tipo de comentarios, desde que empecé a jugar al básquet. Alguna vez habré dicho "yo juego para callar esas bocas en cierto punto", pero en realidad juego porque me gusta jugar al básquet, es lo que mejor me sale hacer y es lo único que sé hacer hasta el día de hoy. Disfruto mucho jugar al básquet y disfruto mucho estar en un equipo. Creo que fue por ahí el tema, siempre iba por el lado de la altura, la defensa, el tiro de tres... Fui viviendo los pasos que tenía que dar, no me adelanté a ninguno. Creo que tuve una buena compañía en Claudio Villanueva (uno de sus agentes), que siempre me aconsejó con su famosa frase de cabecera "despacito y por las piedras". No nos salteamos ningún paso, no nos confundimos en ningún momento, no nos volamos la cabeza pensando en más allá, siempre fuimos terrenales. Y trabajamos duro. En lo personal trabajé muy duro para llegar a este momento.

-¿Qué te enseñaron los prejuicios en este proceso?

-La clave fue escuchar esas cosas, porque en algún momento te llegan, aunque no quieras. Es un poco analizar la situación, ver lo que hay adelante, y trabajar duro para conseguirlo. También tuve la suerte de encajar en equipos muy importantes y buenos, de tener líderes muy buenos que me enseñaron mucho. Y fui por ese lado, el de buscar un objetivo, trabajar duro, pensar qué se necesita para ese objetivo, de siempre aprender y no pensar que ya estaba y me las sabía todos. Intentaba siempre escuchar a mis entrenadores, compañeros, a los de más o menos experiencia. Intentar ser siempre un alumno, aprender lo más que pueda y trabajar duro.

Denver Nuggets: la elección, el equipo, el rol y más

-Imagino que hubo más de un interesado. ¿Por qué Denver?

-Había más interés. Estaba Minnesota, con Pablo (Prigioni) y Gersson Rosas ahí, estuve hablando con ellos, me trataron muy bien y mostraron interés. La verdad es que ya hablar con ellos me hacía temblar las manos. También hablé un poco con New York. Creo que fue Denver porque es un equipo que pelea cosas importantes, que está para luchar, con muy buena calidad individual. Tienen un gran entrenador como Mike Malone, que me ha mostrado sus ganas de verme con ellos. Es un desafío lindo. Quizás no lo tenga a Pablo, que es una llave importante que podría haber tenido, pero es un desafío que estoy dispuesto a superar. Creo que la adaptación es a lo que más respeto le tengo, a cuánto tiempo voy a demorar en acostumbrarme o adaptarme a esta liga. Voy con tranquilidad, a hacer las cosas lo mejor posible, a ver lo que el equipo necesita de mi juego y tratar de acostumbrarme a mi rol. Evidentemente es otra liga, es otro equipo, se juega de una manera distinta. Tengo que mejorar mi juego, evolucionar como jugador. Ese desafío es el más grande que tengo ahora.

-¿Por dónde pensás que pasará esa adaptación, y cómo ves el factor de entrar a un grupo nuevo, porque hace mucho tiempo que no te toca ese contexto?

-Es difícil pero motivante, me recontra ilusiona el hecho de conocer una nueva ciudad, estar en nuevo equipo, en un nuevo grupo de personas que es bastante sólido y está formado, donde el listón está alto. Me veo bien, siempre fui con personalidad de caradura en ese sentido. No considero que el idioma sea una barrera porque voy con toda la confianza, estoy con muchas ganas, me motiva mucho. Quiero aprender de mis compañeros, del mundo NBA. Considero que la NBA en el tema desarrollo de jugador es de lo mejor del mundo. Voy a volcar mi energía ahí, al desarrollo del jugador, a agregarle cosas a mi juego, a pulir cosas buenas que tengo, mejorar o cambiar cosas malas y de esa manera evolucionar mi manera de jugar. Parece fácil o que lo tengo todo bien planeado, pero seguramente me choque miles de veces contra la pared. Pero bienvenidas sean esas equivacaciones, espero solucionarlas sobre la marcha.

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-¿Qué rol imaginás? Porque pareciera que el encaje es interesante para tu papel.

-Voy a encararlo por el lado defensivo, como siempre hice en todos mis comienzos. De la actitud, la intensidad, la energía, lo que no sale en la estadística. Para eso tuve a un buen profesor como es el Tortu (Deck). Y a la hora de atacar sé que voy a tener menos la pelota en la mano. En Peñarol en su época o en Madrid o Murcia estaba acostumbrado a tener la pelota mucho en las manos. Mejoraré mi movimiento sin balón, pensando en voz alta. Son muchas cosas. Hay que familiarizarse, aprender y vivirlas con el proceso.

-¿Hay algo de la NBA que te genere intriga o ansiedad de vivirlo, de ver cómo es?

-Todo en general. Tuve la suerte de estar 6 años en un equipo como el Madrid, que un poco se asemeja, estamos hablando de uno de los mejores equipos FIBA del mundo. Pero no sé, ir al Madison, ir a los Lakers, jugar contra Stephen Curry, que nunca tuve la oportunidad. El día a día, el desarrollo del jugador en sí, la manera en cómo piensan, trabajan. Es algo que me súper intriga y me recontra motiva.

-El factor internacional también estuvo en la ecucación para ayudar, ¿no? Una estrella serbia, otra canadiense...

-Sí, sin dudas. Denver es, por lo que pude hablar, un equipo con una mentalidad muy internacional y eso jugó mucho a la hora de la decisión. Espero con muchas ansias poder vivir eso, supongo que hará que el cambio no sea tan drástico. No los conozco personalmente, pero sí nos enfrentamos con Nikola (Jokic) y con Jamal (Murray) en selecciones. Por lo menos de vista me tienen, eso ya sirve para romper un poco el hielo.

El camino y el valor de la familia

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-¿Qué ves cuando mirás hacia atrás? Parece ayer que hablábamos del base revulsivo que entraba detrás de Tato Rodríguez en Peñarol.

-Lo veo y vivo con mucha emoción. De hecho, cuando a mi mamá le dije que iba a la NBA, lo primero que me dijo fue "en serio, a mí me gusta Madrid, me cuestan los cambios". Le decía que los cambios los tenían que hacer yo, no ella. Pero ahí te das cuenta que alguien como mi vieja, que estuvo desde Municipal con el piso de cemento, estuvo siempre y le preocupa el bienestar más allá de lo deportivo. Veo eso, veo también a mi hermano que se larga a llorar viendo videos, cuando nunca lo habiá visto llorar. Al fin y al cabo, todo este sacrificio tiene su recompensa. Ver la felicidad de Consu, de mi hija, no tiene ningún precio. Parece que fue hace mucho lo de Peñarol, pero fue hace nada. Me acuerdo de gente que ya no está, que me gustaría que esté para compartir estos momentos con ellos, y de gente que sí está y me ayudó a ser la persona que soy ahora.

-Evidentemente Sara vino con todo, ¿no? El MVP de la ACB vino con la pelota en la panza, más MVPs después, el salto a la NBA. ¿Cómo se viven estas cosas también desde lo personal?

-No te exagero para nada, pero tanto Consu como mi hija son dos personas que me cambiaron la vida, empezando con Consu que obviamente está desde antes. Me cambiaron la vida, la manera de pensar. El transcurrir este camino con ellas es algo increíble, y que ella se aguante los cambios. La vida del deportista es un poco nómade, y eso que tuvimos la suerte de estar mucho tiempo en el mismo lugar, como Madrid y Murcia. Pero Consu de adapta muy bien a los cambios, está siempre predispuesta a lo que haga falta. Y más con Sara, que hoy por hoy no se entera mucho de los cambios pero llegó a nuestras vidas a mejorar todo al 100%. Llega un punto en que el básquet pasa a un segundo plano, es una parte no tan importante como pensabas antes. Tanto sacrificio, cuando le mirás las caras de felicidad, es impagable. Ahora empezó a decir papá, y se te cae el mundo. Pasó todo a un segundo plano, y ya pensás por el bienestar de la familia. Todo este cambio será muy positivo para los tres.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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