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El renacimiento de la media distancia: un mundo dominado por Kevin Durant

Kevin Durant
Kevin Durant Getty Images

Remar contracorriente no es sinónimo de éxito ni de acierto. Por otro lado, hay momentos en los que proponer una vía contraria a lo establecido se siente como la única alternativa a un mar de constancia. Se ha aceptado como ley dentro del mundo de las pizarras NBA que la media distancia tiende a la desaparición. No habrá más jugadores nacidos para ser Paul Pierce o Kobe Bryant, especialistas de la parte alta de la bombilla, abusadores del bote y la suspensión.

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En 2007 Daryl Morey comenzó a desempeñar labores como General Manager de los Houston Rockets y a aplicar progresivamente una serie de ideas con respecto a la organización deportiva y análisis del juego que se corona con la llegada de James Harden en 2012. Una de sus propuestas era desechar la media distancia como zona de anotación y convertirla más una zona de ejecución y tránsito, basándose en que era un tiro de una enorme complicación para una recompensa pequeña (2 puntos). A esto le respaldaban los números, que defendían su teoría de que se trataba de un tiro poco efectivo.

A lo largo del último lustro ha ido ganando fuerza esta idea y no han sido pocos los jugadores que, incapaces de adaptar su juego a esto, han acabado por perder su importancia en la liga o, desgraciadamente, a quedarse sin hueco. Obligados a reciclarse las zonas de anotación se han polarizado siguiendo el modelo Morey que solo entiende dos: zona y triple. Esto ha hecho correr ríos de tinta más que conocidos por todos y todas, simplemente echemos un vistazo a una carta de tiro de 2007 de los propios Rockets comparada con una del pasado año.

Heterogeneidad ante la hegemonía

Vivimos en un momento de transición, por muy extraño que parezca esto cuando se están anotando cerca de 10 triples por noche de media por equipo, en contraposición a los 6 que se anotaban una década atrás o los 4 de hace dos décadas. Es un momento de transición porque después del primer momento de rechazo cuando el Morey-ball se convirtió en hegemonía, actualmente hay jugadores y equipos que han encontrado su espacio dentro de ese rechazo.

Una reacción natural del jugador ante un contexto en el que se sabe que solo existen dos posibilidades de anotación cuando ha de defender a un jugador, penetración o triple, es relajarse en las medias distancias, saber a ciencia cierta qué va a hacer su rival.

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Un jugador que ha hecho de la media distancia su recurso preferido es CJ McCollum. La estrella de los Blazers ha exprimido al máximo su habilidad de tiro sobre bote para convertirse en uno de los más efectivos desde la media distancia. Con un 51 por ciento de acierto en el mid-range, McCollum es el tercer jugador en este aspecto de la NBA.

Como vemos en el ejemplo del vídeo, las defensas esperan que McCollum continúe hacia dentro, sin anticipar que va a elevarse sobre bote. Esto es todavía más evidente cuando se produce una situación de mismatch en la que se acaba emparejando con un jugador interior que se prepara para la penetración de McCollum. Las defensas a día de hoy están pensadas para proteger el aro en la zona restringida y McCollum ha sido capaz de entender que hay un nicho de puntos con los que hacerse y seguir produciendo para él y su equipo.

Por otro lado, algunos jugadores han conseguido prevalecer como una amenaza constante como resultado del sistema. Entrenadores como Brett Brown en los 76ers o el propio Steve Kerr con los Warriors que han convertido a JJ Redick y Klay Thompson, respectivamente, en sus jugadores predilectos para estas jugadas más clásicas.

En el caso de Redick, su rapidez y plasticidad le permiten pasar los bloqueos con cierta soltura y poder recomponerse de cada contacto y elevarse. Esto se debe al gran equilibrio que posee, por el cual no necesita tener los dos pies bien posicionados para realizar una suspensión correcta, sino que se ajusta en el aire y dirige bien sus brazos al aro.

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El uso que le ha dado Brown a Redick no es nuevo, su habilidad como tirador está más que contrastada y los bloqueos en caída y los rizos son su especialidad, aunque en las últimas temporadas ha expandido su rango de tiro en estas situaciones hacia la línea de tres. Redick es el cuarto jugador más efectivo de la NBA con un 50% de acierto en la media distancia y una media de 1,8 tiros anotados por noche desde esa distancia.

Mientras, en el caso de Klay, vemos un jugador más cuadriculado, con una ejecución pausada y no tan caótica como es la figura de Redick. Kerr ha tratado de buscarle un hueco en la anotación de los Warriors a Thompson gracias a su excelente lectura del juego sin balón, lo que le da la opción de ganarse un espacio desde el lado débil y anotar en la media distancia.

Thompson ocupa el puesto número 13 en porcentaje en la mid-range, no muy alejado de lo más alto y promediando un digno 46,6 por 2,8 tiros anotados por noche. Un volumen altísimo siendo el que más intenta (6,8) de los 20 jugadores más prolíficos.

Durant es el rey de la zona muerta

Durant anota de todos los colores, desde todas las distancias, en cualquier situación, sobre bote o en catch and shot. Su manú de recursos le han llevado a coronarse como el jugador más efectivo de toda la NBA en ese sentido. Con su 55,3% desde la media distancia, KD lidera la liga con 1,3 aciertos por partido.

Unos promedios que ratifican no solo los números, sino también las imágenes, poniendo en valor que su privilegiado físico va acompañado de un control total de su cuerpo y de una suspensión casi indefendible. Sus 2,25 metros de wing span le permiten elevarse por encima de sus defensores al mismo tiempo que su bote sigue siendo muy bajo.

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La evolución de Durant en este sentido es constante, pero el nivel que está mostrando en la presente temporada es asombroso. Su 55,3% de 2019 supone un incremento del 4% con respecto al pasado año y de casi un 10% en comparación al 2014, año en el que fue MVP. Su trabajo constante para convertirse en el mayor anotador que haya visto la NBA es progresivo, solo hace falta ver cómo fueron sus dos primeras temporadas en la liga, donde promedió un 39% en ambas. Una mejora que no ha parado, anotando en cualquier contexto y de cualquier manera.

Temporada Porcentaje
2019 55,3
2018 49,4
2017 47,3 (Firma con GSW)
2016 49,5
2015 49,0
2014 44,4 (MVP)
2013 45,3 (lesión)
2012 46,6 (Lockout)
2011 41,5
2010 39,7
2009 39,5
2008 39,3

Volumen no es igual a acierto

La relación entre acierto y volumen del Morey-ball supone llevar a la máxima expresión los intentos a canasta, sacar siempre un lanzamiento, a ser posible exterior. Esto no se traslada a la media distancia como ya profetizó el gurú de los Rockets.

Jugadores como DeMar DeRozan son un buen ejemplo, jugadores de otra época que hicieron de este movimiento su seña de identidad, pero que con el tiempo no han sabido evolucionar. En el caso de DeRozan el 27,4% de sus puntos provienen de la media distancia, pero sólo promedia un pobre 39,2%, lo cual no habla muy bien de que sea un recurso efectivo.

En los Spurs encontramos un abuso de las distancias prohibidas más allá de DeRozan con jugadores como LaMarcus Aldridge, Rudy Gay o Bryn Forbes que tienen carta blanca por parte de Popovich para anotar desde ahí. El problema reside en que su abuso y maximización del volumen hacen de la propuesta algo previsible, ajustando las defensas y los scoutings sobre ella. La media distancia ha de ser entendida como un recurso más, una herramienta a la que acudir de forma puntual y para descongestionar el ataque, no algo que de forma a un equipo.

Quizás el ejemplo de DeRozan es el más radical, mucho más si se equipara a otros con un mayor porcentaje de puntos en la media distancia como Cory Joseph con un 28% y un 45,2% de acierto que podríamos concluir que es el representante perfecto de la nueva tendencia desde la media distancia. Podemos buscar otros ejemplos como Terrence Ross (27,8% de sus tiros para un 45,7% de acierto) o Avery Bradley (27,7% de sus tiros para un 42,3% de acierto) que traen consigo una vanguardia todavía en pañales que puede dar pie a otro tipo de baloncesto.

El baloncesto es un tren que nunca se detiene con una vía en constante construcción, que se renueva cada vez que alguien propone algo diferente. Los magnetismos cambian y no por ello significa que el baloncesto muera, sino que se enriquece, de la diversidad surge la belleza y la competición. La media distancia no ha muerto, ni lo hará mientras exista el campo de juego, solamente ha evolucionado. La media distancia ha muerto, larga vida a la media distancia.

Las opiniones aquí expresadas no representan a la NBA y sus asociaciones

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