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Playoffs 2020

El duro pasado de Jimmy Butler que fue forjando su carácter especial

Jimmy Butler ha sido en los últimos años una de las figuras más polarizantes de la NBA. Después de ocho temporadas en la liga, en las que fue cuatro veces All-Star, dos veces All-NBA (tercer quinteto) y cuatro veces All-Defensive (segundo quinteto), en el último verano estadounidense se marchó de Philadelphia 76ers después de la derrota en las Semifinales de la Conferencia Este.

Nuevamente surgían los rumores de que Jimmy se iba porque las cosas no estaban bien en el vestuario con las estrellas más jóvenes con las que compartía equipo: especialmente con Ben Simmons. Ya había sucedido antes, con mucha más fuerza e incluso algo aceptado por él en entrevistas, en Minnesota Timberwolves, desde donde había terminado siendo traspasado a Philadelphia en noviembre de 2018. Butler era señalado como un veterano tóxico para los vestuarios, alguien que se creía más de lo que era, que en el mejor momento de su carrera no servía para liderar. Encima, sin ser el jugador más talentoso de la elite de la NBA en ataque, pocos pensaban que podría ser la primera guitarra de un equipo que aspire a un campeonato.

Las puertas de Philadelphia, la ciudad del amor fraternal, habían quedado cerradas para él. Butler tuvo que buscar un nuevo horizonte. Y varios kilómetros más abajo en la costa del océano vio un proyecto que lo sedujo, un lugar que era perfecto para él, para ser simplemente Jimmy Butler. Una organización que tiene una cultura de trabajo duro como muy pocas. Miami Heat lo fichó por cuatro años con un contrato de 142 millones de dólares, casi 50 millones menos en el papel de lo que podría haberle dado Philadelphia. Y siendo un equipo que el año pasado ni siquiera había podido meterse en los Playoffs, que había tenido récord negativo, que en teoría no estaba al nivel de los Sixers.

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Allí terminó teniendo una temporada única que aún no tuvo final. Butler volvió a ser un All-Star, acumuló triple-dobles como nunca, llegó al récord personal de promedio de rebotes (6,7) y asistencias (6) en Fase Regular y se consagró como líder de un equipo ganador. Miami no solamente sorprendió por sus 44 triunfos en 73 partidos en Fase Regular, terminando un puesto por encima de Philadelphia, sino que está siendo la revelación de estos Playoffs, en los que ya eliminó a Indiana Pacers y Milwaukee Bucks con clara superioridad y ahora está a apenas un escalón de las Finales de la NBA, pudiendo ser uno de los finalistas más impensados de la liga en el siglo XXI (de hecho sería el primero en llegar a las Finales sin haber terminado entre los cuatro mejores de su Conferencia en la Fase Regular).

Pero antes de este presente fantástico en lo personal y lo deportivo, Jimmy Butler no tuvo una vida nada fácil. Una vida que, en retrospectiva, nos hace entender un poco su personalidad única, su ética de trabajo que es destacada por todos sus colegas, su mentalidad tan fuerte.

Una infancia por demás complicada

Butler nació en septiembre de 1989 en Houston, Texas, y vivió un contexto complicado desde el inicio: su padre abandonó a la familia cuando él aún era un infante. No pasó los mejores años cuando era niño y vivió un punto de quiebre a los 13 años, en el 2002. No solamente porque, midiendo poco más de 1,50 metro, decidió dejar de jugar al fútbol americano y pasarse al básquetbol ("No era muy fan del sol y del calor y además era pequeño, no quería que me aplasten", le dijo a NBC Sports Chicago en 2015). Esa fue una decisión que cambiaría su vida, pero hubo otra cosa que lo impactaría aún más, aunque sea un capítulo que hoy prefiere no recordar demasiado.

Según le contó a Chad Ford de ESPN en el año 2011, fue a esa edad cuando su propia madre lo echó de su casa en Tomball, un suburbio a 40 kilómetros de Houston, un pequeño poblado de poco más de 10.000 habitantes donde los veranos son muy calurosos, los inviernos también son complicados y el 86% de la población es blanca. "No me gusta cómo te ves. Te tenés que ir", le dijo su madre. Tomball es destacado como un buen lugar para vivir en Texas, pero ninguna calle del mundo es el mejor lugar para un niño.

¿Cómo se las arregló Jimmy? Con sus amigos. Unas semanas durmiendo en la casa de uno, otras semanas en la casa de otro y así pasaban los años mientras continuaba yendo a la escuela y jugando al básquetbol allí, pero sin ser una estrella, sin ser un chico convocado al circuito de AAU por el que pasan la mayoría de los jugadores que luego llegan a la NBA.

Recién en su anteúltimo año de high school empezó a despuntar un poco más en la cancha, jugando en posiciones interiores. Y entonces fue, con casi 17 años, cuando conoció a Jordan Leslie, un chico un par de años menor que jugaba al fútbol americano, pero que lo desafió al básquet. Se hicieron amigos, Jimmy empezó a ir a su casa y empezó a pasar noches allí. Pero la casa de Leslie no era justamente un hogar donde sobrara el dinero. Su mamá, Michelle, había tenido cuatro hijos con su primer esposo, que falleció, y luego se casó con otra persona que tenia tres hijos más. Cuando estaba Jimmy eran diez en la casa, algo difícil para cualquier billetera.

Al principio solamente lo dejaban quedarse una o dos noches por vez, pero Leslie (que en el 2017 jugó un partido en la NFL) le contó a ESPN en 2016 lo que fue sucediendo: "Le seguí preguntando a mi mamá '¿puede quedarse otra noche?' '¿puede quedarse otra noche?' Hasta que finalmente les dije '¿puede vivir con nosotros?' Michelle y su familia lo terminó aceptando a Butler, integrándolo como uno más. Para Jimmy esto representaba un cambio fuerte: finalmente tendría alrededor suyo algo estable a lo que aferrarse, pero también tendría que cumplir con obligaciones del hogar, respetar a figuras mayores a las que obedecer. "Le dije que mis hijos lo miraban a él, que tenía que ser el ejemplo. Y cumplió. Hacía todo lo que le pedía, sin preguntar por qué", contó Michelle.

"Ellos me aceptaron en su familia. Y no fue por el básquetbol. Ella era alguien realmente cariñosa. Hacía cosas así. Yo no podía creerlo", dijo Butler, que cuando hizo pública esta historia también le explicó algo importante a Ford: "No lo escribas de una manera que haga que la gente sienta pena por mí. Odio eso. No hay nada para sentir pena. Amo lo que me sucedió. Me hizo ser quién soy. Estoy agradecido por los desafíos que atravesé".

El duro trabajo para llegar a la NCAA

Con un contexto como no había tenido antes, Jimmy se lució en su último año de básquetbol escolar, pero nadie de las universidades de la primera división de la NCAA lo seguía. No parecía que su futuro vaya a estar en el básquetbol profesional, ni hablar de la NBA. Su único camino fue ir a Tyler Junior College, un paso previo al sistema universitario, algo a lo que suelen acudir, por ejemplo, los jugadores destacados pero que tuvieron problemas académicos o de otro tipo y por ese motivo no pueden saltar directamente a la NCAA. Para Butler no había ningún problema. Simplemente no confiaban en él. "Si un árbol se cae en el bosque y nadie está ahí para escucharlo, ¿realmente hizo ruido? Con Jimmy sucedía lo mismo, nadie estaba para verlo", dijo Alan Branch, el analista que lo recomendó en Tyler.

Ahí Butler brilló, con varios partidos de 30 puntos y promediando 20 tantos por partido en su año jugando allí, pero igualmente era apenas considerado como un recluta de dos estrellas para saltar a la NCAA en el 2008, ya cerca de cumplir los 19 años. Igualmente algunas universidades de prestigio deportivo mostraron interés en él y entonces Butler tuvo que tomar otra decisión difícil: dejar Texas por primera vez para marcharse al norte de Estados Unidos, al estado de Wisconsin, donde queda Marquette, la universidad a la que Michelle le recomendaba que vaya: "Tenía que ir ahí porque podía pasar que el básquetbol no funcione a largo plazo. Necesitaba una buena educación como respaldo", explicó ella.

Ahí Butler encontró a otra persona fundamental para él: su entrenador universitario Buzz Williams, un coach muy joven que recién llegaba al puesto de entrenador en Marquette y que tuvo en Jimmy a su primer reclutado. "Nunca le envié una carta, él nunca vino a visitar Marquette. Nos envió la carta de su decisión de jugar en Marquette por fax desde un McDonald's. Así fue como lo fichamos", comentó Williams.

Allí Butler empezó en un rol totalmente nuevo para él, siendo un jugador suplente que apenas promediaba 5,6 puntos y 3,6 rebotes en 20 minutos por partido, tomando poco más de tres tiros al aro por encuentro, sin encestar un triple en toda la temporada. La estrella del equipo era otro perimetral, Wesley Matthews, que al año siguiente saltaría a la NBA. Para entonces Butler ya tenía 20 años y la mayoría de las estrellas de su camada, la 1988-1989, ya estaban en la NBA o eran figuras del próximo Draft: hablamos de nombres como Kevin Durant, Derrick Rose, Russell Westbrook, Kevin Love, Blake Griffin, Stephen Curry, DeMar DeRozan o James Harden.

Jimmy todavía era un desconocido total, a diferencia de hoy, pero hay algo que si ya estaba: su trabajo duro. "Era casi inhumano cómo lo entrenaba. Pero yo era brutal porque quería que él llegue. Estaba débil, estaba sobrepasado, pero nunca se rendía. Jimmy siempre seguía allí", contó Williams, que agregó: "Nunca fui tan duro con un jugador como lo fui con Jimmy. No tuve piedad con él porque él no sabía cuán bueno podía ser. Toda su vida le habían dicho que no era lo suficientemente bueno".

Al año siguiente, ya con Matthews en la NBA pero todavía compartiendo equipo con reconocidos profesionales de hoy en día como Dwight Buycks, David Cubillán, Darius Johnson-Odom o el ex NBA Lazar Hayward, Butler empezó a explotar como titular: 14,7 puntos de promedio en su segunda campaña y 15,7 en su último año universitario. Pero no resaltaba por su poder anotador. Era un jugador seguido por su versatilidad, su potencial defensivo, lo bien que iba al rebote. Con 22 años, llegaría a la NBA listo para ser un jugador de rol preparado para jugar, pero sin las expectativas de las grandes luces encima.

Pero todavía quedaba una noche más para emocionarse en Marquette. Como indica la tradición de la Senior Night, en su último partido como local antes de marcharse recibió la visita de su familia. "Lloré mucho esa noche, él había logrado tanto. Estaba feliz y orgullosa. Todos habían dudado de él. Su director y su entrenador de la escuela le habían dicho que nunca llegaría a nada. Y ahí estaba, con todo el público ovacionándolo", recordó Michelle, que agregó: "pero también tenía miedo y tristeza. Ahora Jimmy tendría que enfrentar el horrible mundo. Él siempre habla de lo que hicimos por él, no estoy seguro de que entienda lo que hizo por nosotros. También cambió nuestra vida. Somos mejores personas teniéndolo en la familia".

"Le doy el crédito por ayudarme a ser quién soy. La amo. Pensarías que ella fue quién me dio a luz. Hablo con ella cada mañana. Esa es mi familia. Esa es Michelle Lambert. Esa es mi mamá", dijo Jimmy.

Después de eso llegó la NBA, con Chicago Bulls eligiéndolo con el último pick de la primera ronda del 2011, buscando un jugador que pueda contribuir en un equipo que buscaba desbancar a Miami Heat en los Playoffs del 2012. Butler apenas jugó 42 partidos como rookie, promediando 2,6 tantos por encuentro, pero en los Playoffs de la campaña siguiente ya era titular y para la campaña 2014-2015, con Derrick Rose sufriendo las secuelas de sus múltiples lesiones, se transformó en un All-Star y firmó una renovación de contrato por 95 millones de dólares luego de haber sido elegido como el jugador de mayor progreso de la NBA. "Yo no soy una estrella. La palabra estrella nunca estuvo o estará al lado del nombre de Jimmy Butler, siempre seré un jugador por debajo del radar", comentaba entonces.

Ese año, en un artículo de Bryan Smith para Chicago Mag, Butler explicó por qué no le gusta hablar de su pasado. "Es porque no quiero que eso sea lo que me define. Lo odiaba porque parecía que era lo único de lo que querían hablar. Soy un gran jugador de básquetbol por mi trabajo. Por las personas que tengo alrededor mío. Y si sigo atrapado en el pasado, entonces no seré mejor. No cambiaré. Quedaré como ese niño. Ese no es quién soy. No tengo resentimiento. Todavía hablo con mi familia, mi madre, mi padre, nos amamos, eso no va a cambiar", dijo un Jimmy ya reconciliado con su familia biológica.

Unos años antes, en aquella entrevista con Ford antes del Draft, sí había dejado claro que ese pasado había influido: era en parte lo que lo había mejorado. "Toda mi vida, la gente había dudado de mí. Mi mamá lo hizo. En la escuela me decían que no era lo suficientemente alto o rápido para jugar al básquet. No conocían mi historia. Porque si lo hacían, hubiesen sabido que todo es posible. ¿Quién hubiese pensado que un chico de un pueblo pequeño lograría ser un jugador decente en la universidad y ahora tiene una chance de ser drafteado? Esa es mi motivación. Sé que puedo sobreponerme a todo, solo debo ir de a un día a la vez".

En una de sus últimas entrevistas más profundas, con Marc Spears de The Undefeated, Butler contó más de esa filosofía: "Cuando empezás a pensar mucho sobre el pasado o el futuro, te perdés. Yo no sé mucho, pero te puedo decir que vivo mi mejor vida en el presente. Un día a la vez".

En esa misma entrevista, Butler dijo qué mensaje cree que deja su historia, un buen punto para cerrar. "Lo más importante que podés aprender es que la mente es una herramienta increíble en el sentido de que, si pensás que podés hacer algo, podés hacerlo, y esa misma mente que utilizás todos los días puede ayudar a alguien más".

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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