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¿Cómo se seguía la NBA en México cuando no había internet?

Transmisiones de NBA en México
Pepe Espinosa y Enrique Garay

Falta menos de una semana para que Orlando Magic nos visite y juegue dos partidos como local en la Arena Ciudad de México. Serán, con toda seguridad, dos de las mejores noches que viva durante este año porque hoy por hoy el básquetbol es una de las cosas que más me apasionan. Veo más partidos que en ningún otro momento de mi vida y eso quiere decir que durante la presente temporada si todo va bien habré dedicado tiempo a más de 200 juegos de temporada regular. No es presunción. De ninguna manera. Es lo que la tecnología ahora lo permite y me gusta aprovecharlo. No siempre fue así.

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Los '90 se sienten como la prehistoria, pero es en realidad ya la era moderna del baloncesto y recuerdo que en ese entonces dependíamos de la programación de Imevisión, que posteriormente daría paso a TV Azteca y si bien recordamos con cariño aquellas épocas de dominio de los Bulls narradas por Quique Garay y Pepe Espinosa, en las que sentíamos que no podíamos ver más del reporte ráfaga, la verdad es que apenas se nos permitía un atisbo de lo que sucedía en la liga de baloncesto más importante del mundo. No había muchas más formas de enterarnos de lo que sucedía.

¿Se imaginan tener que abrir el periódico para ver los resultados de hace dos noches? Porque así era la cosa. Y aunque siento que a través de la televisión seguimos al Dream Team en todo momento mientras estuvieron en Barcelona, ni esperanzas de enterarnos en temporada regular de los resultados de equipos como Orlando Magic que no tendrían a su primera superestrella hasta 1993 con la llegada de Shaquille O'Neal. Fue un acontecimiento tan grande como él mismo. Junto con él, llegaron al deporte muchos nuevos aficionados que no vieron jugar en plenitud a Magic Johnson, Larry Bird o Kareem Abdul-Jabbar y no solo porque fuera un fenómeno escolar sino porque todo estaba cambiando.

De pronto había varios jugadores que le prestaban su nombre a unos tenis dificilísimos de conseguir y una vez encontrados carísimos, porque aún eran épocas de fayuca, pues el TLC apenas entraba en vigor. Con todo lo que uno tenía que pasar para conseguirlos, en la cancha de la escuela estaban los compañeros que traían sus Mutombo, los Ewing o unos Kemp. Ocasionalmente algunos Jordan pero la verdad es que eran pocos. Recuerdo que estando en segundo de secundaria el sueño de mi vida era tener unos Shaq. Años después entiendo el sacrificio que hizo mi santa madre por conseguirlos. Fuimos a Tepito, a Pericoapa, a centros comerciales y finalmente los encontramos. Eran bellísimos y fui con ellos puestos a ver la película Blue Chips donde O'Neal protagonizaba junto a Nick Nolte. Otra época. Hoy la de Uncle Drew con Kyrie Irving ni se asomó por la cartelera. Los tenis se inflaban al presionar una válvula y me creaban la ilusión de saltar mejor con ellos. En realidad nunca fui buen jugador ni atlético. En ese entonces no lo sabía. Como tampoco sabía el nombre de muchos más jugadores.

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Es curioso porque, al menos en mi círculo que era tan reducido como el de cualquier adolescente, se hablaba más de los zapatos y las tarjetas intercambiables que de los partidos. Sí, todos mencionábamos los nombres de las estrellas pero nada sobre los partidos del día anterior a menos que fuesen playoffs. No salían los highlights en los noticieros. Tampoco existía la noción de las redes sociales. Lo que había era entre poco y nada. Quizá por eso aprecio tanto esa tarde de mayo en 1995 en la que veía absorto frente al televisor al que sería mi héroe durante años por venir: Reggie Miller. Sí, el ahora famoso encuentro contra los Knicks en que encestó ocho puntos en nueve segundos. Al día siguiente todos lo comentamos. Fue de alarido. Pero también era un día raro y ajeno en el que todos comentábamos la misma hazaña.

Otro cambio trascendental llegó con el Internet y el ruido del módem. ¿Saben cómo seguíamos los partidos a principios de los '00? Pues como podíamos. Algunos entraban a sitios de noticias que se actualizaban a minutos de que sucedían las cosas. Había que refrescar incesantemente el navegador para ir viendo cómo cambiaba el marcador.

Otros nos las arreglábamos para escuchar los partidos por radio en internet, con la ayuda del Real Player mientras veíamos un diagrama de la duela con puntos que marcaban un tiro y según el color se sabía si cayeron puntos o no. Como de cavernícolas pero les juro que era un concepto novedoso en ese entonces. Quienes lo hayan vivido lo recordarán espero que con cariño. Ni señas de un podcast aún, pero sí el romanticismo de la radio local de Boston para oír e imaginar algo de lo que pasaba en el Garden original.

Es verdad que ya ESPN tenía mayor presencia y transmitían partidos, pero no eran tantos como hoy día. La afición se redujo ante la falta de exposición. Estábamos en penumbras y sí, de vez en cuando venía un juego de pretemporada al Palacio de los Deportes, pero nadie se imaginaba aun que podríamos un día ver partidos de temporada regular.

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Un sueño alocado cuya materialización aceleró el internet. Con mayor velocidad en la transferencia de datos llegó mayor información. De pronto no solo sabíamos de tenis sino que al olvidarnos de las tarjetas de colección nos empezamos a fijar en las colecciones de ropa, comerciales, rivalidades, colaboraciones, novatos y hasta en los jugadores colegiales. De pronto el basquet se volvió el centro de la Cultura Pop. Cómo cambiaron los tiempos. Llegó Twitter y no hacía falta ver un juego para poderlo comentar con personas a quienes no conoce. Después Instagram y no fue necesario volver a encender una televisión para ver los momentos destacados. También el League Pass y lo inimaginable: ver el partido que sea prácticamente en vivo. Todo se destapó. Hoy sabemos lo que pasa casi en el momento en que acontece. Si de pronto estás en una cena y te asomas a Twitter y la gente a la que sigues habla de que Westbrook está a un rebote de un nuevo triple-doble te puedes conectar y verlo desde tu teléfono. Es más, una app te avisa. La exigencia se volvió mayor. La demanda suficiente y desde hace unos años contamos no con uno sino con dos partidos de temporada regular en nuestro país. Algo que no podríamos haber imaginado hace unos años.

La forma de vivir el básquetbol ha cambiado. La pasión y el conocimiento por el deporte han crecido tanto que hoy el público casual conoce el nombre de al menos cinco súper estrellas de la NBA. El monopolio de un jugador, un equipo o una dinastía ha caído y todos los días nos podemos reunir a hablar hasta del partido más improbable de todos. Uno que nadie habría querido transmitir hace unos años y entonces corrijo: El 13 y 15 de diciembre no sólo serán algunos de mis días más felices del año, serán dos de nuestras mejores noches y juntos podremos celebrarlo sabiendo que somos una de las mejores aficiones NBA alrededor del planeta.

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Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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