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The Last Dance

Los Chicago Bulls de "The Last Dance": una dinastía sin grandes pivotes en la era dorada de la posición

Recientemente se publicaba en NBA Global el resultado de una votación para elegir a los mejores jugadores de la década de 1990. Entre los 15 más votados, 6 ocupaban la posición de pivote: Hakeem Olajuwon, David Robinson, Shaquille O'Neal, Pat Ewing, Dikembe Mutombo y Alonzo Mourning. De todos estos, tan solo The Dream conseguiría alzarse campeón (1994 y 1995).

El denominador común del no-éxito de estos interiores fue la presencia de los Chicago Bulls, un equipo capaz de atesorar seis de los diez anillos posibles sin la presencia de un pivote que fuese un múltiple All-Star y una verdadera referencia ofensiva. Es incluso más significativo que la única excepción en la lista mencionada ocurriese durante el primer retiro de Michael Jordan.

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Varias razones explican el porqué un equipo tan dominante como los Bulls fue capaz de sobrevivir en la era del poste bajo sin verse prácticamente afectados por la enorme influencia que éstos tenían en el juego. La primera se explica a través tipo de defensa que Phil Jackson proponía respecto al juego interior, haciendo que los exteriores más cercanos al posteador realizasen una ayuda larga o incluso un trap que limitase al máximo la incidencia de estos en los aledaños del aro. Es por ello que figuras como Longley o Wennington, pese a no ser grandes defensores, pudiesen camuflar sus carencias gracias a un esfuerzo colectivo mayúsculo. Esto se aprecia en las series contra O'Neal (1996) o Mourning (1997), donde los forzaron a promediar 4,2 y 5,4 pérdidas por encuentro, respectivamente.

Cuando este tipo de defensa no era posible por la amenaza que podían llegar a generar sus rivales desde la línea exterior, como en el caso de Seattle Supersonics o Indiana Pacers, o que podían castigar en el juego sin balón y en penetración como New York Knicks, el plan variaba hacia una defensa más conservadora pero igual de efectiva. Así, el objetivo era limitar al máximo el número de balones que el pivote recibía por medio de una férrea presión sobre la línea exterior, liderada por Michael Jordan, Scottie Pippen y Toni Kukoc, que entre los tres promediarían más de 4,8 robos por encuentro en los Playoffs de 1998.

Medias de pivotes rivales en los Playoffs de 1998

Jugador Puntos Rebotes Pérdidas %TC
Rik Smits 16,8 5 1,5 55%
Vlade Divac 11,2 13,2 2,4 40%
Rony Seikaly 6 3 1,3 77%
Greg Ostertag 2,2 3,2 0,4 41%

Por último el dominio del rebote defensivo por parte del juego interior de los Bulls, capitaneado por el ala pivote Dennis Rodman y acompañado por Luc Longley, impedía a sus rivales tener segundas opciones y a Chicago ordenar correctamente su ataque en llegada.

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Es imprescindible remarcar que durante esos últimos Playoffs, el equipo de Phil Jackson nunca tuvo que hacer frente a un gran pivote dominador como en años precedentes, siendo Rik Smits de los Pacers el que más importancia tuvo.

En definitiva, un arriesgado plan que se sustentaba en la firme creencia sobre la defensa perimetral y acerca del potencial ofensivo que los Bulls eran capaces de originar en ataque como consecuencia de la interiorización del triángulo ofensivo. Un ataque donde realmente salían a relucir las virtudes de los dos pivotes puros del conjunto campeón de 1998: Bill Wennington y Luc Longley.

Luc Longley

Un fantástico jugador de rol que cumplió a la perfección con su función dentro del equipo, sin asumir nunca una posición que pusiese en peligro el sistema. Limitado por un físico que no se correspondía a la altura (2,18), Longley fue una pieza fundamental en la consecución del sexto anillo.

Un pivote con un gran instinto para el pase que los registros de asistencias no hacen justicia (2,8 de media), pero que comprendía como pocos en aquel equipo el funcionamiento del triángulo ofensivo, facilitando en muchas ocasiones el spacing adecuado para que Jordan o Pippen pudiesen tener opciones de anotar.

Además, no debe olvidarse que ejercía como desatascador a media cancha en momentos concretos, pues su poco peso dentro del sistema y su gravedad ofensiva tendía a que los defensores interiores lo dejasen desmarcado para que este anotase desde la media distancia o los postes tras pase, consiguiendo ser uno de los mejores en ese sentido.

Bill Wennington

Lastrado por los problemas físicos y la falta de rapidez en esa última temporada, Wennington ocupó el puesto de pivote suplente con un rol mucho menor comparado con las temporadas precedentes, promediando apenas 3,5 puntos y 1,7 rebotes.

La importancia del canadiense estaba no tanto en su rendimiento sobre el parqué sino en el vestuario, siendo el pegamento en muchas ocasiones entre el banco y los jugadores del equipo. "Había cinco pivotes cuando llegué y yo era el quinto", dice Wennington. "Vine aquí con un contrato de un mes y duré seis años".

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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