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Los cambios en las reglas de la NBA en la historia a través de 10 jugadores (parte II)

(continua de la parte I)

Se tiende a pensar que el paso de los años conlleva una evolución progresista de la historia, que el futuro acaba por mejorar las condiciones del pasado, cuando la realidad no siempre se ajusta a ese determinismo. En la NBA sucedió algo así en la década de los años 90. La liberación ofensiva que se produjo gracias a la entrada de sangre nueva a partir de la absorción de los equipos de la ABA en 1976 abrió un camino inexplorado, lo que unido a la mejora en las condiciones de entrenamiento, la superación de la crisis económica que había atravesado la liga y un nuevo prisma de actuación desde las oficinas con la llegada de David Stern y otros ejecutivos hizo posible que se iniciase la segunda edad dorada en la NBA.

Magic Johnson y Larry Bird son citados siempre como los mejores representantes de lo que supuso una revolución en sí misma a partir de 1984, siendo la descripción perfecta de toda una década, pero hubo otros que contribuyeron a ese despegue como los Denver Nuggets de Doug Moe, los Houston Rockets de Bill Fitch o los Milwaukee Bucks de Don Nelson. A todos estos lo que les caracterizó fue un ritmo rápido, tendente a la transición, en el que la creatividad y la toma de decisiones express se imponía a la media cancha. Los años 80 están tan idealizados como los 90 en lo que a esta liga se refiere, pero el problema es que la sombra de la primera década alcanza a la segunda, impidiendo en muchos casos apreciar cuál fue la tónica general de ese momento histórico.

En los deportes de equipo hay una máxima que siempre se impone pese a lo incómoda que pueda resultar: es más fácil destruir que construir. En otras palabras, edificar un sistema defensivo cuyo único objetivo sea acabar con el ataque del oponente siempre será más fácil que tratar de confeccionar una ofensiva brillante, versátil y amoldable a las adversidades. El éxito de los Detroit Pistons entre 1988 y 1990 fundamentado en el acoso y derribo defensivo sentó un precedente que acabaría por definir los 10 años siguientes en la NBA. Desgraciadamente, los equipos que tomaron como ejemplo a los Bad Boys de Chuck Daly olvidaron que aquello que les hizo campeones no fueron sus Jordan Rules, sino un ataque que acostumbró a estar en el TOP 10 de eficiencia ofensiva durante prácticamente toda la década de 1980.

La reinterpretación del éxito de los Pistons fue entendida como pocos por el mayor camaleón táctico que ha conocido la liga, Pat Riley, que lideró una era que, a excepción de muy pocos conjuntos (Bulls, Cavs, Suns o Rockets), basó su juego en minar del modo que fuese el avance rival. El aumento de la agresividad llevó a una reinterpretación de los árbitros respecto a las faltas pues no podían señalar todas las infracciones que se acometían, dándose así un descenso de 15,5 puntos de media en los promedios anotadores de la liga entre 1990 y 1999, pasando de 107,0 a 91,6, la cifra más baja desde el último año sin reloj de posesión.

La NBA quiso ponerle rápido solución a mediados de la década cuando en 1994 aprobó la eliminación del conocido como hand check. Esto significaba que ningún jugador podría poner la mano encima a un manejador desde la cancha trasera hasta el tiro libre de la otra parte del campo. De este modo la liga pretendía evitar que los bases viesen impedido el avance con la bola a la hora de ordenar el ataque. Un ejemplo práctico e ilustrativo es revisitar cualquiera de los partidos de Playoffs de la primera trilogía de los Bulls y poner la lupa en cómo los equipos defendían a Michael Jordan, siempre con una mano en su cadera o directamente en sus brazos.

El jugador que ha pasado a la historia como el causante del cambio en la regla no es otro que Derek Harper, el mejor representante de su época. En la década de los 80 fue un base rápido y anotador, capaz de ser la punta de lanza de unos Mavs que funcionaban a la perfección en ataque, mientras que en la época inmediatamente posterior supo reciclarse y adaptarse a las necesidades de su nuevo destino: New York Knicks. Bajo las órdenes de Pat Riley el base encontró el camino para seguir siendo útil alcanzando las Finales en su primera experiencia. Junto a Harper es preciso mencionar otros nombres célebres como el caso de Nate McMillan, Gary Payton o Joe Dumars, que contribuyeron a su modo para crear aquel ecosistema defensivo que dio pie a la necesidad de una modificación en las normas.

El éxito es contagioso y en la NBA todo aquello que funciona es rápidamente plagiado por el resto de equipos. "Cuando la defensa da a un equipo la oportunidad de llegar a las Finales se convierte en algo más, el resto de equipos van a querer empezar a defender", dijo al LA Times Pat Riley en el momento en el que se aprobó la norma contra el hand check.

La liga quiso mejorar la fluidez ofensiva para la campaña 1994-95 con medidas como la prohibición del hand check, la reducción de la línea de tiros libres o la penalización en cierto modo de los traps (marcajes dobles), pero sus intentos no surtieron un efecto inmediato. No hasta que llegase una nueva generación de manejadores y se añadiesen dos nuevas normas que sí alteraron definitivamente el juego, abriéndolo y salvándolo de sí mismo: los 3 segundos defensivos y la eliminación de las defensas ilegales. No obstante, aquel cambio introducido por Rod Thorn como responsable en temas arbitrales fue el inicio de un proceso paulatino que definitivamente explotó a mediados del 2000. "La regla permitió a los entrenadores dejar que sus bases tuviesen más responsabilidad", dijo Chauncey Billups sobre el hand check en 2010.

Las normas pueden sufrir cambios a lo largo de la historia por diversos motivos como hemos ido apuntando a lo largo de esta pieza. Puede ser fruto de una tendencia que se extiende, se asienta y conforma la identidad del juego de ese preciso momento histórico, o bien legislarse para reducir el impacto de un jugador y así "igualar" en cierto modo la competición. Existe una tercera vía, quizás la más interesante, que tiene que ver con aquellas reglas impuestas justo cuando un jugador se ha retirado o su rendimiento ya va claramente en caída.

A veces es un cambio en la reinterpretación de normas ya existentes y que no siempre se aprecian a no ser que viva el día a día de la competición y otras en las que hay una modificación explícita de las mismas.

Para la breve temporada 1998-99 marcada por el lockout la NBA aprobó la limitación a un máximo de 5 segundos en los que un jugador con balón podía estar de espaldas al aro por debajo de la línea de tiros libres, en caso de superarse ese tiempo se señalaría infracción y ahí acabaría la posesión. Una norma que, desde nuestro prisma contemporáneo, no debería afectar en exceso al juego pues la lógica dice que es más sencillo anotar cuanto antes se realiza un gesto técnico y no al revés. No así para Charles Barkley.

Sir Charles acostumbró durante toda su carrera a recibir en los aledaños del aro y postear. Y postear. Y postear. Y cuando ya tenía la posesión bien trabajada y el defensor había flaqueado en algún punto. Pero la norma no solo se aplicó por Barkley sino por otros exteriores célebres como Mark Jackson que, pese a ser base, fue uno de los más destacados de espaldas al aro de la década de los noventa, aunque en su caso la regla tenía incluso más sentido:

La regla, conocida como violación de 5 segundos, tenía como objetivo incrementar el ritmo de juego, promoviendo una toma de decisiones mucho más rápida, pero sobre todo sacar a la NBA de la oscura rendija en la que se había metido hacía ya bastante tiempo. Las posesiones se hacían interminables y aquellas acciones del pasado en las que el poste bajo era una posición de creación como demostraron Bird, Abdul-Jabbar, Cowens, Walton o Chamberlain, ahora era un punto de no retorno.

La gran mayoría de los balones que ahí acudían solían acabar en acción de tiro, falta personal o pérdida, con la consiguiente reducción de la fluidez y aumentando la lentitud del partido. No es extraño que la década de los 90 sea considerada la era de los grandes pivotes, pues junto a las reglas de defensa ilegal, no hubo mejor ecosistema para su florecimiento por abrasión con excepciones que no eran la norma como pudieron ser Hakeem Olajuwon o Pat Ewing.

Esta regla es exclusiva de la NBA y es la responsable de que poco a poco el poste bajo haya ido perdiendo peso en los libros de estilo de los equipos, abriéndose cada vez más el campo y abrazando definitivamente un juego más versátil y con espacios para que todos puedan atacar.

Todo cambio tiene su consecuencia, algunos son en positivo y otros abren vías alternativas que dan pie a otros agujeros negros. Los cambios acometidos por la NBA en 1994 con el objetivo de incrementar el ritmo, darle más fluidez y que abandonase la trinchera no solo no surtieron un efecto positivo, sino que supusieron la vía de escape para figuras que antaño no habrían tenido hueco. Al eliminarse en concreto la norma del hand check la respuesta de los equipos y jugadores fue darle una mayor importancia al aclarado o isolation. Esto, coincidiendo con el arribo de la primera generación crecida bajo el influjo de Michael Jordan como la gran personalidad individualista de la época favoreció que se dieran las condiciones necesarias para una nueva regresión en el juego en términos colectivos.

En el periodo comprendido entre 1997 y 2003 aproximadamente, la mayoría de los ataques eran una sucesión de unos contra unos, en ocasiones salvajes demostraciones de individualismo exacerbado en las que los 4 jugadores que no tenían la pelota se apartaban del mejor modo que conocían para permitir que el manejador crease su propio lanzamiento.

Quizás el mejor ejemplo del cambio de época lo representase Allen Iverson, que en su temporada de novato dejó una acción que pasaría a la historia, pero que poniendo la lupa en ella se aprecia lo pobres que eran los ataques en ese preciso momento.

El aclarado ha sido desde tiempos pretéritos con grandes leyendas como Jerry West el mejor recurso para los manejadores exteriores para poder anotar ante la congestión de la pintura. El tiro en suspensión, el cambio de ritmo y el dribbling en todas sus formas han dado una vía de escape a aquellos momentos en los que la ofensiva colapsaba o bien era preciso reducir el margen de error por el apretado marcador reinante.

MÁS | Una revolución llamada Allen Iverson

Más allá del problema de imagen que esta forma de abordar el juego pudiese crear, tanto en términos deportivos como sociológicos (individualismo, exaltación del yo, limitación del colectivo, etc), había una consecuencia derivada a la que se le encontró relativamente rápido una solución.

La NBA en una comisión encabezada por Jerry Colangelo decidió darle un giro completamente al reglamento aplicando una nueva consideración a la llamada defensa ilegal. Anteriormente esta norma hacía referencia al uso de zonas en favor del marcaje individual como una forma de mejorar el ataque. El problema, como ya se ha apuntado, es que resultaba prácticamente imposible atacar incluso en individual, por lo que la liga optó por una norma que supondría un antes y un después.

Ahora la defensa ilegal tendría que ver con permanecer más de 3 segundos en el semicírculo de la zona restringida, pero no como atacante, sino como defensor. Si las ofensivas basadas en el aclarado paraban a la defensa, aposentándose los grandes alrededor del aro y los oponentes exteriores cerca del balón para fintar sobre este, ahora sería más complejo frenar el intento de penetración.

Cuando la vía para solucionar este problema podría haber sido perfectamente centrar la atención en el ataque, prohibiendo los aclarados de más de un número de segundos concretos como en el caso del poste bajo, la liga decidió mirar a la defensa, abordando definitivamente la raíz del problema. No es que Iverson fuese el único que basó su juego en aclarados en aquella época, podría mencionarse una interminable lista conformada por nombres tan destacados como Baron Davis, Tracy McGrady, Kobe Bryant o Stephon Marbury entre muchos otros.

The Answer fue el mejor representante de toda una época, un periodo de excelencia muy corto pero con una trascendencia mayúscula. Su cima en 2001 fue la elevación del aclarado y el hero-ball a la categoría de arte.

La NBA se define por fases de dominación, las cuales pueden ser de dos tipos: física-individual y táctico-colectivo. En esta última podría hacerse referencia directamente a los momentos de brillantez grupal encarnados por las grandes dinastías del pasado como fueron los Boston Celtics de los años sesenta, los Chicago Bulls de los noventa o los San Antonio Spurs de inicios del siglo XXI. La clave del éxito, talento a parte, reside en la camaradería, la ferviente creencia en un sistema y la protección del núcleo duro de jugadores. Mientras, en el otro caso, la superioridad se cimenta sobre una diferenciación física, normalmente de tipo atlético, la cual genera una ventaja continua al conjunto que cuenta con ese factor diferencial, véase George Mikan, Moses Malone, Giannis Antetokounmpo o Wilt Chamberlain. En ambos casos, su dominación no tiene porqué venir de la mano del éxito, aunque suele ser un buen atajo al mismo.

De entre todos ellos, la NBA no conoció fuerza igual a la de Shaquille O'Neal. Desde su desembarco en la liga en 1992 el gigante de Newark llevó el concepto dominación a un plano desconocido, mucho más lejos de lo que otras leyendas pudieron pues el nivel general de la competición estaba a años luz de las décadas pretéritas y había cientos de recursos tácticos y normativos para poder mitigar el impacto de Shaq. Con 2,16 de altura y alrededor de 150 kilos de peso resultaba inimaginable la velocidad a la que se movía aquel pivote, la agilidad de pies que poseía y la capacidad para encadenar esfuerzos haciendo parecer fácil lo que nunca antes se había visto. Si con Dawkins se tuvo que cambiar la tecnología de los aros e introducir aros retráctiles, con O'Neal esto fue llevado a un nivel superior.

Durante los primeros 8 años de su trayectoria el interior fue una fuerza sin molde y desbocada, tan solo el colapso generalizado en sus equipos, tanto en los Magic como posteriormente en los Lakers. A nivel individual no existía una forma legal de frenar a Shaq. O más bien sí.

En el tercer partido de la serie entre los Lakers y Blazers de 1998 todo parecía en contra del equipo de Mike Dunleavy. Con un 2-0 desfavorable al veterano técnico se le acababan las cartas para tratar de remontar la eliminatoria, más cuando Shaq venía promediando 24,5 puntos. Fue entonces cuando lanzó una moneda al aire, apostando el destino de los de Oregon a una carta: hacer falta de manera reiterada a O'Neal. El pivote angelino acudiría un total de 12 ocasiones a la línea de personal, errando 8 de sus intentos. Cada vez que recibía Rasheed Wallace o Arvydas Sabonis saltaban a frenarlo del modo que sea para detener el ataque. El experimento surtió efecto, logrando la victoria pese a los 36 tantos de O'Neal, aunque los californianos acabarían cerrando la serie en el siguiente partido. Tiempo más tarde, en noviembre de 1999, Dunleavy lo volvería a llevar a cabo, forzándole a una serie de 3 de 11 desde la línea de personal, esta vez con Jermaine O'Neal como constante verdugo.

Pronto, la estrategia se extendió por toda la liga. Dallas Mavericks lo llevó a un 10 de 23, Chicago Bulls a 19 de 31, los Clippers a 13 de 22. Poco o nada parecía importarle la argucia a O'Neal pues pese a sus bajos números el equipo seguía ganando y tan solo en contadas ocasiones aquella treta tenía efecto en el marcador. Al fin y al cabo aquellos Lakers eran el mejor equipo del momento. El problema vino cuando llegaron los Playoffs, y ahí Dunleavy dejó claro que él sí que sabía como verdaderamente castigar al gigante. En el primer duelo le llevó a 13 de 27, en el segundo 5 de 17 hasta tocar fondo en el sexto con un 3 de 10 que llevó a los Blazers a forzar el séptimo. Eventualmente los angelinos se llevarían la eliminatoria y los siguientes 3 títulos de manera incontestable. Pero en aquel momento nació el conocido como Hack-a-Shaq que poco a poco se puso en práctica contra O'Neal sino contra todo aquel jugador que realmente sufriese en la línea de castigo. Por ese calvario tuvieron que pasar otros como Andre Drummond, Dwight Howard, DeAndre Jordan y más recientemente Ben Simmons.

La NBA tardó demasiado tiempo en actuar de oficio contra este tipo de prácticas, dejando escenas lamentables como esta protagonizada por KJ McDaniels:

Para la temporada 2016-17, cinco años después de que Shaquille O'Neal colgase las zapatillas, la liga aprobó una norma que prohibía tajantemente cualquier práctica de este tipo en los dos últimos minutos del último cuarto y de cualquier prórroga, sancionando la acción con un tiro libre extra y posesión. La motivación de esta legislación estuvo en que durante la campaña 2015-16 las tácticas de hack-a se incrementaron por 16 respecto a años precedentes, habiendo un notable interés de los equipos por tratar de forzar faltas sobre jugadores que no estaban directamente relacionados con la acción con el fin último de mandarlos a la línea de personal.

"Al observar los datos y numerosas soluciones potenciales para combatir el gran aumento de situaciones de faltas deliberadas fuera del juego, creemos que estos pasos ofrecen el enfoque más mesurado", dijo el vicepresidente ejecutivo de operaciones de baloncesto de la NBA, Kiki VanDeWeghe a USA Today. "La introducción de estas nuevas reglas está diseñada para frenar el aumento de tales faltas sin eliminar la estrategia por completo".

El problema derivado de este tipo de prácticas tenía que ver con algo muy peligroso como es el alargamiento innecesario de los encuentros por culpa de las infracciones, especialmente pensando en términos televisivos, haciendo interminable cualquier encuentro de Fase Regular y ni hablemos de Playoffs. Con esta regla no se eliminaba completamente el hack, pero sí se persuadía de hacerlo durante los momentos más importantes del encuentro o del cuarto, persuadiendo a todo aquel que tratase de llevarlo a cabo.

Como se viene exponiendo a lo largo de este serial, muchos de los cambios en las normas de la NBA no fueron tales, sino simples apreciaciones, aclaraciones. O mejor dicho, reconocer que algo que debería sancionarse como ilegal no se estaba cobrando, no por una cuestión de complacencia arbitral, sino por la tendencia general del juego y los jugadores. Aunque muchas de las normas modernas del baloncesto han ido modificándose conforme han pasado los años, nunca se llegó a abordar una regla que cualquier persona que viese un partido de la liga norteamericana podría percibir a simple vista, los pasos, o dicho de otro modo, la aplicación desde el prisma europeo a la infracción por avanzar o sacar una ventaja tras haber concluído el regate.

Durante mucho tiempo en la NBA se obvió la aplicación de esta norma en la mayor parte de los casos. Se asumía que todo aquel que recibiera la bola en movimiento podía resultarle muy difícil cuadrar los pasos de tal forma que antes de dar el segundo apoyo la pelota ya hubiese tocado el suelo. Finalmente en 2009 se puso por escrito la regla determinando que "un jugador que recibe el balón mientras avanza o al completar un regate puede dar dos pasos para detenerse, pasar o lanzar el balón".

En los años venideros apenas cambiaría mucho la realidad de la competición. Se aplicaba en transiciones, recepciones en movimiento y en alguna que otra finalización cerca del aro, nada que alterase enormemente el juego. Hasta que apareció James Harden y más concretamente su versión heliocentrista en Houston Rockets.

El MVP de 2018 llevó al extremo la norma, cuadrando a la perfección los momentos, es decir, cuándo finaliza el regate, cuándo se aplica el paso cero (gather step) y cuándo la acción entra en su fase definitiva. Harden lo aplicó en dos movimientos concretos, primero en el eurostep, aprovechando la inercia del pique para alternar la dirección de los pasos y así sorprender al oponente; y segundo en los stepbacks, donde más complicado resultaba al aficionado medio determinar dónde estaba la frontera de los pasos.

En plena era de las redes sociales los movimientos de Harden poco tardaron en hacerse virales y convertirle en objeto de severa crítica, recibiendo todo tipo de comentarios por el simple hecho de comprender, interiorizar y aplicar las reglas del modo más explícito posible, solo que a una velocidad de ejecución altísima.

Así, en 2019 la NBA tuvo que salir a realizar una aclaración y explicación de la norma de 2009, lo que en otras palabras significó actualizar la legislación vigente con el fin de eliminar la diferenciación entre lo que determinaba la regla y el criterio aplicable a los partidos. La liga lo que hizo fue poner por escrito las condiciones necesarias para poder ejecutar un movimiento que incluyese el paso cero sin que fuese considerado pasos, algo clave para la puesta en marcha de un gesto tan contemporáneo como el stepback.

"No debería haber debate solo porque parezca extraño o se vea diferente a lo que el mundo está acostumbrado. Eso se llama ser un creador. Se llama cambiar el juego", dijo un molesto Harden cuando se le preguntó al respecto en septiembre de 2019.

75 años después de que la BAA echase a andar para convertirse en 1949 en la NBA el juego ha evolucionado enormemente, especialmente en la última década y la liga ha ido adaptándose a la medida que ha podido a las necesidades. ¿Quiénes serán los siguientes jugadores en la lista?

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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