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Playoffs 2020

Alex Caruso: hombre y mito detrás de su historia

No es difícil entender lo que llevó a Alex Caruso a boca de los seguidores NBA originalmente. Un solo vistazo al actual jugador de Los Angeles Lakers alcanza para notar que sencillamente luce diferente al estereotipo del atleta NBA. De hecho, con solo repasar sus apodos en Basketball-Reference, Bald Mamba (Mamba Calva) y Bald Eagle (Águila Calva), se explica porqué su notoriedad en las redes inició en tono de broma. Sin embargo, si en septiembre del 2020 el primer vínculo que alguien tiene con Caruso aún está vinculado a su aspecto, simplemente no le ha estado prestando suficiente atención a la 2019-2020.

Caruso ha tenido la infrecuente capacidad de salir del meme. Salir de la piel de ese personaje simpático que lo llevó a ser el cuarto guardia del Oeste más votado para el último All-Star Game y transformarse en un jugador que sin ser una figura, es fundamental dentro del esquema del campeón de la 2019-2020.

Si de expectativas previas a resultados actuales hablamos, pocos o ningún otro jugador ha tenido una brecha positiva más grande en esta campaña. Pero ¿cómo fue exactamente que llegamos a este punto con el perimetral angelino?, ¿por qué su primer contrato puramente NBA llegó recién a los 25 años? Y lo más importante, ¿qué es lo que lo transformó en uno de los jugadores más confiables de estos Lakers? Es tiempo de conocer en profundidad a Alex Caruso. El hombre, el mito, la leyenda.

College Station, Texas

Los primeros 22 años de la vida de Alex Caruso transcurrieron en una misma ciudad, de unos 100.000 habitantes, ubicada en el corazón de Texas: College Station. No solo nació allí el 28 de febrero de 1994, sino que también fue a la secundaria (A&M Consolidated High School) y a la universidad (Texas A&M) en ese mismo lugar.

A diferencia de muchos jugadores NBA que abandonan el hogar a una temprana edad, a veces incluso trasladándose de punta a punta de la nación tras la oferta de una beca deportiva, Caruso creció y se formó en College Station. Y así como Texas A&M es el centro neurálgico de la ciudad, lo mismo sucede con la familia Caruso: su padre Mike es Director Asociado del programa deportivo de los Aggies, mientras que sus dos hermanas, Megan y Emily, también se graduaron allí. La relación entre Alex y Texas A&M llega al punto que el actual jugador de los Lakers solía trabajar como ball boy en los partidos de los Aggies en la NCAA. En otras palabras, su decisión de enrolarse en esa universidad en el 2012 no debiera sorprender a nadie.

A la par de sus estudios de management deportivo, Caruso se transformó en pieza importante del equipo dirigido por Bill Kennedy, ganándose la titularidad a mediados de la 2012-2013 y no volviendo a soltarla por el resto de sus cuatro años con los Aggies. Igualmente, su carrera universitaria tampoco luce como una de un futuro jugador NBA. En 137 partidos promedió 8 puntos, 4,7 asistencias y 3,7 rebotes, apenas recibió una mención individual (un All-Defense de la Conferencia SEC en su última campaña) y su equipo solamente se clasificó al Torneo NCAA en una ocasión, cayendo en el Sweet 16 ante el Oklahoma de Buddy Hield.

Ese 24 de marzo del 2016 marcó la despedida de Caruso, no solamente de la universidad, sino también de College Station e incluso del estado de Texas. ¿Sus números de esa jornada? 8 puntos, 5 asistencias y 4 rebotes. Aunque eso sí: 4 balones recuperados.

Hasta ese momento, Caruso era un nombre conocido para los seguidores de la NCAA, pero que no estaba en boca de ningún experto en el Draft, al no ser considerado un proyecto de calidad NBA. El Draft 2016, en el que Ben Simmons, Brandon Ingram y Jaylen Brown fueron tomados en el podio, lógicamente no vio su nombre siendo elegido entre los 60 picks.

La Summer League de ese año no trajo mucho más ilusión para Caruso de cara a sus potenciales chances NBA. Integró el plantel de los 76ers, pero en cinco partidos apenas promedió 2,4 puntos, 2,4 rebotes, 2 asistencias y un 26,7% de campo, con un 14,3% en triples. Philadelphia no pensó en él para la pretemporada de la 2016-2017, aunque sí recibió una invitación para sumarse al campus de un Oklahoma City Thunder aún golpeado por la salida de Kevin Durant. Allí tampoco duró demasiado: firmó el 23 de septiembre y fue cortado el 17 de octubre, sin llegar a jugar un solo minuto con la camiseta de OKC.

De todas maneras, su relación con la franquicia de OKlahoma City no estaba terminada, ya que algunas semanas más tarde fue fichado para formar parte de su filial en la G-League. Caruso pasaría la totalidad de la 2016-2017 jugando para el Blue, donde empezaría a mostrar su valor. Promedió 11,9 puntos, 5,2 asistencias y 3,9 rebotes, además de 2,2 robos en 30,3 minutos por partido. Además, lanzó un 45,9% de campo y un 40,1% en triples. Nada mal.

Todavía lejos de una producción que llamase la atención de la NBA, pero poco a poco, dando pasos adelante en su desarrollo.

De lunes a lunes

Más allá de esa progresión normal para un jugador joven, la vida de Caruso realmente cambiaría entre los lunes 10 y 17 de julio del 2017, con una cuota de fortuna, pero también enormes méritos de su parte.

El texano fue convocado para jugar en el equipo de Summer League de Los Angeles Lakers, en uno de los planteles veraniegos que más impacto han dejado en estos años: fue aquel que tenía como novatos a Lonzo Ball y Kyle Kuzma, además de otros NBA como Josh Hart, Brandon Ingram, Ivica Zubac, Thomas Bryant, Travis Wear, Matt Thomas, David Nwaba y... PJ Dozier, hoy rival en las Finales del Oeste. Un verdadero Dream Team para una competencia de ese calibre.

Con tanto talento a disposición de ese conjunto entrenado por Jud Buechler, Caruso casi no vio la cancha en los primeros dos partidos y la historia del 2016 con los Sixers parecía repetirse. En ellos, sumó solo 15 minutos totales, en los que falló los cinco intentos al aro que tomó. Sin embargo, el 10 de julio, en el tercer compromiso de los angelinos, llegó su oportunidad. En ese duelo ante Sacramento, Buechler le dio descanso a los titulares y el base de Texas A&M apareció en el quinteto inicial, ganándole la pulseada a Dozier, quien salió como su relevo.

¿La respuesta de Alex? 18 puntos, 9 asistencias, 4 rebotes, 4 robos, 1 tapa, 7-9 de campo y 4-5 en triples, en un triunfo de los Lakers por 95-92.

Esa muy buena actuación, sumado a lo que ya venía haciendo en las prácticas, le ganó a Caruso una gigantesca novedad: poco más de 48 horas después del encuentro ante Sacramento, fue firmado por los Lakers con un contrato doble vía... el primero en la historia de la franquicia.

Para el golpe de suerte hubo que esperar al domingo 16, en las semifinales de aquella Summer League. Los Lakers vencieron a los Mavericks de Nicolás Brussino por 108-98, con un doble-doble de Lonzo: 16 puntos y 10 asistencias en apenas 21 minutos. Pero no todo fueron buenas noticias para Los Angeles: el rookie sufrió una distensión leve en la pierna derecha y fue descartado para la final ante Portland, a disputarse la noche siguiente. Ante los Blazers, Buechler tenía dos bases a su disposición: un PJ Dozier que casi no había jugado en el torneo y el propio Caruso, quien tomó el lugar de Ball en el quinteto inicial. Y tal como había hecho en su otra titularidad, exactamente una semana atrás, el ex Aggies respondió con creces a la confianza de su entrenador.

Caruso fue una de las figuras de la noche, terminando con 15 puntos, 9 rebotes, 7 asistencias, 1 robo y 1 tapa inmensa sobre Caleb Swanigan, que puso de pie a todo el banco Laker, anticipando lo que serían los habituales highlights virales que disfrutamos hoy con el Carushow.

Caruso jugó tan bien ese partido que prácticamente no salió del campo. Jugó 35 de los 40 minutos totales y ayudó a su equipo a conseguir una contundente victoria por 110-98, ganándole un interesante duelo mano a mano al mexicano Jorge Gutiérrez. Aunque esa Summer League dejó a los seguidores Lakers amontonados dentro del tren del hype que rodeaba a Lonzo por entonces, sumado a la primera explosión en escena de Kuzma, también sirvió para que comenzaran a familiarizarse con el nombre de Alex Caruso. Y a hacerlo como una pieza importante de un equipo campeón. De Summer League, pero campeón al fin y al cabo.

Doble vía

Luego de seguir abriendo los ojos del cuerpo técnico angelino en la pretemporada, el debut NBA de Caruso no tardó en llegar. De hecho, se produjo en el primer partido de la 2017-2018: disputó 12 minutos en una amplia caída ante los Clippers, anotando 2 puntos y repartiendo 2 asistencias.

Como todos los jugadores doble-vía, el texano dividió su 2017-2018 entre la NBA y la G-League. Con Los Angeles disputó 37 partidos, incluyendo 7 como titular, promediando 3,6 puntos y 2 asistencias. Mientras que con South Bay demostró todo su crecimiento, registrando una media de 19 puntos y 7,7 asistencias en 29 encuentros.

Aquellos Lakers de Luke Walton, en el año previo a la llegada de LeBron James, ganaron apenas 35 partidos y finalizaron 11° en el Oeste. 24 jugadores distintos llegaron a tener minutos en ese conjunto, incluyendo algunos pasos curiosos como los de Derrick Williams, Gary Payton III, Andre Ingram o Isaiah Thomas. Tal ha sido la renovación, que de esos 24 jugadores apenas tres siguen formando parte del hoy finalista del Oeste: Kentavious Caldwell-Pope, Kyle Kuzma y Alex Caruso, por supuesto.

El mundo de los Lakers se sacudió a mediados del 2018, con el anuncio de que LeBron James se sumaría al equipo. Sin embargo, no demasiado cambió para Caruso en esa campaña y a la larga, tampoco para los angelinos, que volverían a quedarse sin Playoffs. El de College Station repitió contrato doble-vía, pero protagonizó un caso muy curioso: bajó sus números en la G-League (14 puntos y 5,8 asistencias), pero mejoró considerablemente sus estadísticas NBA, pasando a promediar 9,2 tantos y 3,1 asistencias en esa campaña, mayormente en el cierre de la misma.

Ese sprint final de Caruso, quien llegó a tener una noche con 32 puntos, 10 rebotes y 5 asistencias en una victoria ante los Clippers, fue uno de los pocos puntos positivos de una temporada completamente decepcionante para los californianos. Y si bien su producción no cambió demasiado en el gran esquema de los Lakers en la 2018-2019, sí le sirvió para por fin transformarse en un jugador 100% NBA: el 6 de julio del 2019 firmó un contrato por dos años y 5,5 millones de dólares, pasando a ser una de las piezas estables del banco del recién llegado Frank Vogel.

Las claves del éxito

Claro que para el verdadero ascenso de Caruso hubo que esperar a la actual 2019-2020, donde si bien sus números básicos se redujeron (5,5 puntos, 1,9 rebotes y 1,9 asistencias), el conseguirlos dentro del mejor conjunto de la competencia, le agregaron una relevancia incomparable con los años anteriores. ¿Qué es exactamente lo que lo ha transformado en esa pieza estructural de la maquinaria Laker? Tres cuestiones sobresalen por encima del resto.

Química con LeBron

En un equipo que tiene a LeBron James, no hay nada más importante que encajar bien a su lado. Y vaya que Caruso lo ha hecho. Hablar de dupla con dos jugadores de nivel tan dispar puede no ser preciso, pero lo cierto es que cuando ambos están en cancha, el rendimiento de los Lakers suele alcanzar sus puntos más altos.

Entre todos los jugadores que compartieron al menos 500 minutos en la Fase Regular, el +18,6 de LeBron y Caruso es el mejor Net Rating de la liga, superando al +18 de Bledsoe y Antetokounmpo y dejando claramente atrás a cualquier otra combinación angelina (+13,3 de LeBron y Kuzma).

Aún sin ser ese típico tirador que tan bien suele encajar al lado de un pasador como LeBron, Caruso aprovecha al máxima las virtudes de James, en una situación en particular: su capacidad defensiva lleva a muchas situaciones de contragolpe para Los Angeles, donde a la vez el texano se entiende a la perfección con el de Akron, ya sea como pasador o como definidor.

Cuando LeBron y Caruso compartieron cancha, los Lakers defendieron. Cuando los Lakers defendieron, los Lakers corrieron. Y cuando los Lakers corrieron, los Lakers se coronaron como el mejor equipo de toda la NBA. Tan simple como eso.

Impacto defensivo

Aunque ofensivamente Caruso tiene limitaciones claras, en defensa combina excelentes herramientas naturales, con inmejorables intangibles y energía. No solo tiene excelente altura (1,96) para defender bases y escoltas, sino que además es fuerte físicamente y un correcto atleta, aún comparándolo con sus pares NBA.

Caruso es una peste en defensa. Activo, manos rápidas, siempre bien ubicado y dispuesto al contacto. No es casualidad que el mejor rating defensivo de los Lakers en la Fase Regular haya llegado con él en cancha: 101 puntos por 100 posesiones, superando el 103,6 de LeBron James. Números que además se han mantenido en los Playoffs, donde presentó el segundo mejor rating, apenas por detrás de Markieff Morris.

En defensa, Caruso es una estrella. Y su capacidad para cortar balones (2,1 por cada 36 minutos) es clave para luego conseguir puntos fáciles en transición y no hacerle pagar al equipo sus pocos recursos para anotar en los ataques fijos.

Balones divididos

Aunque muchas de las virtudes de Caruso son imposibles de cuantificar en la hoja estadística, el completo panorama que nos ofrece NBA.com/Stats nos ayuda a encontrar algunos datos interesantes. ¿Quién dio la mayor cantidad de cortinas asistidoras entre los perimetrales Lakers? Caruso con 1,1 por cada 48 minutos. ¿Quién sumó la mayor cantidad de desvíos de todo el plantel? Caruso con 5,4 por cada 48 minutos. ¿Quién recuperó la mayor cantidad de balones sueltos en defensa entre todos los Lakers? Caruso con 1,3 por cada 48 minutos. ¿Quién sacó la mayor cantidad de cargas en ataque? Caruso con 0,4 por cada 48 minutos.

Todas esas cifras hablan a las claras de la virtud más importante que tiene Caruso y una completamente subvalorada a la hora de analizar las características de los jugadores: su habilidad para darle posesiones extras a su equipo. Sin ir más lejos, entre los 131 guardias que jugaron al menos 1000 minutos en la Fase Regular, solamente tres recuperaron más balones sueltos en defensa que Caruso, de acuerdo a sus minutos en cancha. Y hablamos de especialistas absolutos como Kris Dunn, Matisse Thybulle y Ben Simmons. Cuarto, con sus 1,3 por 48 minutos aparece el texano, apenas por arriba de otros expertos como Chris Paul (5°) y Dejounte Murray (6°). Esa es la compañía que tiene el hombre de los Lakers en esa área en particular.

Caruso nunca será una estrella en la NBA. Sencillamente no tiene el talento ofensivo para serlo. Pero en una liga (y un deporte) donde es tan importante cumplir con tu rol, pocos producen mejor que él dentro de su función. Caruso hace absolutamente todo lo que los Lakers esperan de él. Y eso, como el tiempo ha demostrado, no solo trajo emparentado triunfos... sino también un campeonato.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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