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The Last Dance

El 4-0 de Chicago Bulls a Orlando Magic en 1996: la última gran revancha de Michael Jordan

"El 45 no tiene la explosión que tenía el 23. El 45 no es el 23. No le podría haber hecho eso al 23". Esas fueron las palabras de Nick Anderson, escolta de Orlando Magic, tras el primer partido de la serie de semifinales de Conferencia entre Orlando y Chicago Bulls en 1995. Los de Florida habían ganado por 94-91 después de que Anderson le robe el balón a Jordan a 10 segundos del final, cuando MJ buscaba poner a los Bulls arriba.

La mojada de oreja de Anderson sirvió para que Jordan vuelva a usar el número 23 y convierta 38 puntos en el choque siguiente, un triunfo de los Bulls, pero fue Orlando el equipo ganador de la serie por 4-2. Los jóvenes habían dado el golpe y empezaban a pedir su lugar como el equipo del Este del futuro. De hecho llegarían a las Finales de ese año, encabezados por Shaquille O'Neal y Penny Hardaway, pero perderían por 4-0 frente a Houston Rockets.

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O'Neal y Hardaway ya eran dos estrellas top de la NBA y todavía menores de 25 años. Creían que esa experiencia dolorosa de las Finales les serviría para ir por la revancha en 1996. Lo que no sabían era que habían alimentado un gigante espíritu de venganza en otro equipo del Este, muy lejano del calor de Orlando: Jordan, Pippen y los Bulls iban a querer demostrar que aún no era momento del cambio de guardia. Y al cruzarse en los Playoffs de 1996 le enseñaron a la "nueva" franquicia de que se trataba: le encajaron al Magic un 4-0 tremendo que terminó con las expectativas de Orlando de ser la próxima dinastía.

"Se vengaron. Nos persiguieron y nos azotaron. Nos hicieron carne picada", afirmó años después Pat Williams, general manager del Magic.

Jordan promedió 29,5 puntos, 5,5 rebotes y 4,8 asistencias durante la serie, pero la mayor paliza de los Bulls no fue en estrictamente del juego, sino que estuvo en lo mental. "Lo frustrante es que nos ganaron de tres formas diferentes", dijo John Koncak, ala-pivote de ese Magic. "Nos patearon el trasero desde el inicio en el comienzo de la serie, hicieron una remontada en el juego tres y tomaron el control en el último cuarto en el tercer partido".

Fue como lo dijo Koncak. Chicago ganó 121-83 en el primer partido, con apenas 21 tantos de MJ pero con seis jugadores distintos anotando al menos 12 puntos, una rareza para esos Bulls en Playoffs. En el segundo partido Orlando llegó a tener una ventaja de 18 puntos, pero una clase defensiva de Jordan emparejó el marcador en apenas un puñado de minutos y Chicago terminó ganando por 93-88, dejando al Magic una vez más debajo de 90 tantos (promediaban 104,5 por partido en la 1995-1996).

El tercer juego fue una verdadera paliza defensiva: 86-67. Como dijo Koncak, los Bulls recién aseguraron el triunfo en el último cuarto, con un parcial de 23-10, pero el trabajo para limitar así a los de Florida en el final y como visitantes fue magistral. La serie se cerró el 27 de mayo de 1996 con un 106-101 en el que MJ dio su único gran recital: metió 45 puntos con 16-23 de campo. Justamente 45. "A veces las cosas suceden de forma irónica", dijo Jordan al terminar ese encuentro. Pero la verdad es que después de lo del tercer partido, todo ya parecía terminado.

"No tenían idea de como atacarnos", declaró Jordan. "No quiero decir que rompimos su espíritu, pero se podía ver algo de frustración en Shaq y Penny", afirmó Pippen. "Fue como si se les hubiesen tapado las cañerías", dijo el verborrágico Rodman. Ese atasco ofensivo de Orlando se debía en gran parte a tres situaciones: la buena defensa de Rodman sobre O'Neal, no para pararlo del todo (Shaq promedió 27 puntos, 10,8 rebotes y 4 asistencias en la serie con un 64% de campo, pero ese día metió 17 con 42% de acierto) sino para poder aguantarlo sin tantas ayudas, esa misma falta de ayudas que permitió tener mejor defendido al perímetro del Magic (Orlando tiró 18-73 en triples en la serie, un 24,6%) y una defensa bien apretada sobre Penny Hardaway para buscar que no maneje tanto el balón.

Lo otro que frenó mucho a Orlando fue un problema propio: las lesiones. Horace Grant, el ex Bull que había sido vital en el triunfo de 1995, se lesionó un codo en el primer juego y no pudo regresar. Brian Shaw, el sexto hombre del equipo, quedó fuera antes del tercer partido por una fuerte contractura en el cuello y John Koncak pudo jugarlo pero tras ser infiltrado en su rodilla izquierda. En el juego cuatro tampoco estaba Nick Anderson, que se esguinzó la muñeca derecha en el final del tercer partido. Las piezas del rompecabezas dirigido por Brian Hill fueron cayendo una tras otra.

Afuera de la cancha la situación no ayudaba. Los rumores sobre que Hill sería echado de su cargo al terminar la temporada (falsos, porque duró un año y medio más) y sobre las partidas como agentes libres de Grant (falso) y, más importante que todo, O'Neal (verdadero), inundaban a los medios por entonces. Era ahora o nunca para Orlando, y post salida de Shaq y lesiones de Penny, fue nunca.

Mientras tanto, Rodman se mofaba: "Shaq va a ser un buen jugador, algún día. Puede hablar todo lo que quiera, pero si quiere salir campeón va a tener que aprender a ganar". Los Bulls habían ido a buscar a Dennis como una mejora en el juego interior tras caer contra Grant y Shaq en 1995 y la jugada terminó siendo perfecta. El Gusano promedió 11,5 puntos, 15,8 rebotes y 0,8 tapones en la serie. De las 12 series de Playoffs que jugó en los Bulls, fue la única en la que promedió un doble-doble. ¿Pippen? Aportó 18,5 puntos, 7,3 rebotes y 7 asistencias.

Ron Harper, con un rol mayor tras la partida de BJ Armstrong, también fue importante en la serie por su defensa. Penny había terminado enojado: "Es algo que me enferma, porque somos un equipo mejor que lo demostrado", le expresó al Orlando Sentinel entonces.

Shaquille se iría a Los Angeles y ya no habría tiempo de que el Magic demuestre nada más. Su último capítulo había sido cerrado por la última gran obra de venganza de Jordan y los Bulls.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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